Google+, la red social de Google, apareció por sorpresa y nos tiene a todos bien ocupados (al menos a los que tienen la suerte de poder acceder). Probamos todas las funcionalidades, le encontramos ventajas y defectos, lo comparamos con Facebook, encontramos extensiones para mejorar su uso... En Mountain View han conseguido un boom con lo que parece su intento definitivo de entrar en el mundo de las redes sociales.
Desde luego, la mejor baza de Google+ es la forma con la que podemos gestionar a nuestros contactos: los círculos. Gracias a ellos podemos ser más selectivos al enviar depende de qué mensajes y evitar enviarlo todo a todo el mundo. Dejando a un lado las ventajas que trae en cuanto a la privacidad, el sistema de los círculos nos permite no “ser pesados” con mensajes que a lo mejor no interesan a nuestros amigos.
Pero para que los círculos funcionen bien hay que crearlos con cuidado, porque ya se ha empezado a ver que con la emoción de probarlos somos capaces de generar decenas de ellos que quizás no se usen nunca. Es muy lógico empezar a hacer círculos de nuestros familiares, amigos de la universidad, la panda de verano, los compañeros de trabajo, los de la asociación de amantes de la costura… pero quizás este no sea el modo más adecuado.










