
Lo nuevo es seductor para muchos de nosotros, no hay duda. Por alguna razón, hay algo que a los early-adopters nos parece intrísicamente interesante en la novedad, en las nuevas aplicaciones, en los nuevos servicios. Queremos una inviación a alguna red social nueva, bajarnos la pre-beta de un producto que recién saldrá el próximo año, y así.
Esta veneración a la novedad tiene su contraparte, el desprecio a lo antiguo, lo cual no tiene nada de malo si lo antiguo está siendo reemplazado por algo que es mejor, pero despreciar a lo antiguo por el simple hecho de ser antiguo (llegando incluso al extremo de darlo por muerto) es claramente un error. Creo que hemos ido demasiado lejos con esto, y que el RSS es el mejor ejemplo de ello. Estamos empezando a despreciar una tecnología “antigua” que no solo funciona bien para lo que fue creada, sino que todavía está muy por delante de cualquier aparente alternativa que haya surgido.











