Cae Kevin Rudd primer ministro de Australia y adalid de la censura en la red

Su credibilidad estaba por los suelos. Era un candidato a la derrota que arrastraba a su propio partido a la oposición. Una revuelta interna en el partido laborista se lo ha llevado por delante hace unas horas. Rudd no ha opuesto resistencia. Julia Gillard lo desafío y ha ganado. Será la nueva presidenta de Australia. Al menos hasta las elecciones de octubre. Los activistas digitales esperan que con Rudd se vaya Stephen Conroy. Probablemente el político de un país democrático que se ha tomado más en serio la censura en la red. Quizá lo siga haciendo en la polémica comisión de la ONU a la que asesora. Ganan los ciudadanos australianos.

Los medios australianos reconocen que la delirante política censora sobre la red le ha pasado factura. ¿Más o menos que el proyecto de ley sobre emisiones de gases contaminantes o el impuesto sobre las actividades mineras?. No es fácil cuantificar la razones de un declive político, pero la experiencia nos dice que es un conjunto de razones las que dañan la credibilidad de un presidente. Una de ellas, que se lo pregunten a Sinde, la ministra peor valorada, es enfrentarse a los ciudadanos digitales.

El gobierno de Rudd les declaró la guerra o lo que es lo mismo levantó muros políticos a la libertad digital. Lo ha pagado. Así opina el pretigioso columnista John Birmingham en The Sidney Morning Herald:

Sí, el primer ministro cortejó a la derecha religiosa sobre la censura en Internet (...) y eso tiene un coste. A la gente simplemente no les gusta Gran Hermano.

Así sea.

Foto | rubenerd En Nación Red | La censura en la red impulsa al Partido del Sexo en Australia

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