Hay razones de peso por las que las redes sociales han dejado de ser un espacio donde compartir nuestra vida
Hace unos días hablaba con una amiga, con nostalgia, de cómo era usar las redes sociales en los 2000: el Fotolog, el Tuenti, aquel Facebook con álbumes enteros de una sola noche con fotos sin filtrar... postureo poquísimo y mucho reirnos y compartir. Ahora ya todo tiene que ser contenido de calidad. Parecemos todo el mundo creadores de contenido con algún filtro por ahí metido y no simples mortales compartiendo un momento gracioso cualquiera.
Tanto es así que los expertos están alertando: estamos dejando de publicar en las redes sociales. Y hay motivos para que este esté sucediendo. En un ensayo realizado para The New Yorker, recuerdan que publicar una foto de lo que comías una mañana era algo que hacíamos durante los primeros años de Twitter e Instagram, y en ese momento nos parecía novedoso: de repente, podías compartir los momentos más mundanos de tu vida con una multitud de desconocidos y sobre todo con nuestras amistades.
Podíamos compartir todo el tiempo parte de nuestra vida y recibir un mensaje cariñoso de algún amigo o familiar. Todos conectados a través de unas pantallas. Cualquier persona y cualquier cosa podían ser interesantes. Ahora, la escritora Kyle Chayka sugirió que la sociedad podría estar encaminándose hacia lo que denomina «publicar cero»: un punto en el que la gente común siente que no vale la pena compartir sus vidas en línea. Probablemente todo el mundo hayamos notado esta tendencia a la baja en nuestras propias redes sociales.
Como explican desde BBC, "por cada foto de las vacaciones de un amigo o de los hijos de un compañero de trabajo, parece haber docenas (si no cientos) de publicaciones de marcas e influencers promocionando un nuevo producto o comentando las últimas tendencias".
Cambio en qué nos muestra las redes
No solo las personas hemos cambiado. Las redes sociales y sus algoritmos también. Las propias plataformas han cambiado. TikTok e Instagram centran su labor en los vídeos verticales y han creado algoritmos potentes para ayudarnos a navegar por ellos.
Katty Kay recuerda que cuando mira las redes sociales, "están llenas de anuncios y fotos de casas preciosas que nunca compraré en lugares que probablemente nunca visitaré. Pero estoy intentando recordar cuándo fue la última vez que vi una publicación de un amigo".
"Estoy entrando más en Instagram que antes y me sale muy poca información de mis amistades, poco contenido real de personas y mucho genérico, con personas emitiendo alertas, mensajes psicológicos, demasiados, con muchos términos técnicos... llegamos a una saturación que agota", explica una amiga psicóloga de España que añade cómo echa de menos meterse en una red social y ver alguna publicación de alguna amiga compartiendo algo banal de su día.
Según el ensayo en The New Yorker, a medida que el ecosistema de las redes sociales se ha vuelto más fragmentado y complejo durante los últimos años, con nuevas plataformas que surgen y desaparecen continuamente, se ha producido una cierta pérdida de usuarios. El diseño de las redes sociales ha desalentado las publicaciones ocasionales. Las métricas hacen que los usuarios ya no reciban suficiente atención y es que los feeds algorítmicos dan prioridad a las cuentas populares que publican constantemente o elaboran bueno vídeos y quita visibilidad a momentos cotidianos. Benton Williams, estudiante de la Universidad de Georgia ha podido comprobar que ya casi "nadie ve las publicaciones de sus amigos en el feed, por lo que ya ni siquiera cuentan como actualizaciones de la vida".
Nuestros feeds solían mostrar contenidos desconocidos; ahora solo se premian las cuentas destacadas. Si no hay garantía de que nuestros amigos vean lo que publicamos, ¿qué incentivo hay para seguir haciéndolo?
Mucho contenido político en tiempos críticos
Además, otro tema del que alertan los expertos en creación de contenido es que la deriva del mundo en un momento crítico de violencia contra personas lleva a que mucha gente vea incómodo compartir banalidades de su vida diaria. "El contraste entre la crisis mundial y las actualizaciones personales es tan marcado que crea una especie de choque emocional", explica Ali Moran, fundador de una agencia de comunicaciones.
Moran explica que "el silencio se ha convertido en una forma de declaración, pero también lo es publicar algo que no esté relacionado. Da la sensación de que no hay nada que se pueda hacer bien".
Puede parecer más seguro retirarse por completo y compartir pensamientos o imágenes personales en el ámbito privado de un chat o un hilo de mensajes. Como resultado, Internet en general está un poco más desprovisto de la mundanidad que es el motor que lo impulsa.
Imagen | Foto de Austin Distel en Unsplash
En Genbeta | Solo hacen falta 35 minutos para engancharse a TikTok: los documentos internos de la red social son estremecedores
Ver todos los comentarios en https://www.genbeta.com
VER Comentarios