En 1992, compró acciones de Microsoft por valor de 1.200 dólares para su hijo. Luego las olvidó, y 30 años después llegó la sorpresa

Gabe Newell, cofundador de Valve, financió su carrera empresarial gracias a la revalorización de las acciones de Microsoft adquiridas durante sus años como empleados. Pero lo del hijo de Scaramucci fue una 'paga' recibida a las puertas de la treintena

Marcos Merino

Colaborador

En el mundo de las finanzas solemos imaginar que los grandes aciertos provienen de decisiones calculadas, un análisis profundo de los mercados y una vigilancia constante de las inversiones. Sin embargo, la historia de Anthony Scaramucci —broker, y el director de comunicación de la Casa Blanca que menos tiempo ha durado en el cargo: tan sólo 10 días— demuestra que, en ocasiones, el mejor movimiento es no hacer absolutamente nada.

O, en su caso, olvidar incluso que había invertido en una compañía. Todo comenzó en 1992, con un gesto aparentemente modesto: adquirir 1.200 dólares en acciones de Microsoft para un hijo recién nacido, con la intención de iniciar un pequeño ahorro familiar.

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Un regalo de nacimiento con visión… y una petición clave

Cuando abrió la cuenta de inversión para su hijo, Scaramucci pidió algo que tendría enorme importancia décadas después: que todos los dividendos se reinvirtieran automáticamente. Lo curioso es que Microsoft, por aquel entonces, ni siquiera repartía aún dividendos.

Aun así, la instrucción quedó registrada. Ese mecanismo —el reinvertir dividendos— es uno de los pilares de la rentabilidad a largo plazo en los mercados bursátiles. Aunque en 1992 el beneficio práctico fuese nulo, once años más tarde Microsoft comenzó por fin a remunerar a sus accionistas, lo que convirtió esa cuenta de inversión en una máquina de hacer dinero.

Treinta años en los que pasó lo más improbable: nada

Hoy resulta difícil imaginar que una inversión pase desapercibida: apps, notificaciones y alertas nos recuerdan constantemente cada movimiento financiero. Pero en los años 90 todo era distinto: entre mudanzas, papeleo y el ritmo vertiginoso de la vida profesional, Scaramucci simplemente olvidó aquella pequeña inversión. Hasta la propia empresa de inversiones, Goldman Sachs, llegó a perderle el rastro.

Un descuido, sí, pero también se convirtió, paradójicamente, en su mayor acierto: no vender durante los momentos difíciles. El propio Scaramucci admite que, de haber recordado que existía esa inversión, probablemente habría vendido las acciones durante la etapa de estancamiento de Microsoft bajo la dirección de Steve Ballmer. Y se habría perdido así el espectacular crecimiento posterior.

Cuando el olvido se convierte en fortuna

Así, pasaron "26 o 27 años" sin que nadie revisara la cuenta. Hasta que Scaramucci encontró por casualidad los documentos de la misma, y comprobó que aquellos 1.200 dólares de 1992 se habían convertido en 288.000 dólares.

En otras palabras: la inversión de 1.200 dólares se había multiplicado casi por 240. ¿Cómo es posible semejante crecimiento? Veamos:

  • Por los 'stock splits': Desde los años 90, Microsoft se consolidó no solo como un gigante del software, sino también como una de las empresas que más stock splits ha realizado en su historia. Cada división de acciones aumentaba la cantidad de títulos en posesión del pequeño Scaramucci, sin aportar capital adicional. Es decir, las fracciones de participación crecían automáticamente con cada split.
  • Por el interés compuesto: Una vez que Microsoft comenzó a repartir dividendos, cada pago se transformó en nuevas acciones gracias a la instrucción inicial del padre. Este sistema permitió que el rendimiento creciera de manera exponencial con el tiempo.

Imagen | Marcos Merino mediante IA

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