Los procesadores de pagos online vetan a brujas y tarotistas porque sus clientes suelen exigir la devolución de sus honorarios

Hace un par de meses, se generó una enorme polémica cuando el sitio web 'para adultos' OnlyFans anunció repentinamente que dejaría de difundir vídeos e imágenes "sexualmente explícitas". Sin embargo, no tardó ni una semana en desdecirse y aclarar que todo seguiría igual en la plataforma.

¿Qué había cambiado en esos días? Básicamente que habían "conseguido las garantías necesarias" por parte de los dos sectores que habían puesto sobre la mesa la necesidad del cambio de criterio: las entidades bancarias y los procesadores de pagos.

No es la primera vez que éstos últimos son señalados como el motivo de algún cambio editorial o del cierre de alguna plataforma: su veto —potencialmente arbitrario— es capaz de derribar plataformas o modelos de negocio en un visto y no visto, pues servicios como PayPal, Stripe, Etsy o Square constituyen un oligopolio insalvable para la mayoría de aquellos que buscan monetizar sus negocios online.

Y si bien esta clase de servicios han sido receptores de las iras de los 'creadores' de material pornográfico en los últimos tiempos, ahora otro 'gremio' más se une al anterior al sentirse igualmente 'discriminado' por los procesadores de pagos: los 'trabajadores de lo oculto'.

Así, hace unos días Meg Jones, una escritora y tarotista online, publicaba un artículo en el medio tecnológico estadounidense Wired, contando los problemas que ha sufrido para monetizar sus actividades.

Según ella, los procesadores de pagos hacen gala de una "grave incomprensión" hacia los profesionales de lo oculto (ella utiliza repetidamente el término "profesionales metafísicos", pero no queremos que Platón y Aristóteles se revuelvan en su tumba). Jones relata cómo tanto su sitio web sobre tarot como el boletín de noticias que creó en Substack durante la pandemia recibieron avisos por parte de Stripe:

"Recibí un aviso de Stripe de que mis ventas violaban sus términos de servicio, ya que mi trabajo como tarotista parecía encajar en su amplía categoría de "servicios psíquicos" y, por lo tanto, se consideraba un negocio restringido y de 'alto riesgo'.

La política oficial de Stripe al respecto de la condición de 'inelegibilidad' de esta clase de negocios, se resume en este párrafo de un e-mail enviado por su equipo de soporte a Meg Jones:

"Estas empresas a menudo hacen afirmaciones que no están respaldadas por la ciencia o la evidencia pasada, lo que puede conducir a una alta tasa de devolución de cargo. A los clientes se les prometerá un resultado, y cuando eso no se haga realidad disputarán un cargo como 'Producto no aceptable'".

Cada vez más, los procesadores de pagos están ganando poder para decidir —'cerrando el grifo' de los pagos— quién permanece o no online

Según relata la propia Jones, Stripe es el procesador de pagos favorito de plataformas tan populares como Substack, Teachable, Shopify, Medium o Clubhouse, y opera en más de tres millones de sitios web. Con tal nivel de ubicuidad es inevitable que repercuta sobre cualquier producto o servicio que considere "inelegible" para el procesamiento de pagos:

"Ha llevado a muchas personas y empresas en este sector a ser expulsadas de la plataforma, a menudo sin previo aviso. Los libros, cursos, talleres, conferencias, consultas, lecturas y otros servicios son fuentes esenciales de ingresos para muchos trabajadores independientes".

La protagonista de esta historia explica que las dos primeras veces fue capaz de ponerse en contacto con los Stripe y explicarle los responsables de la suspensión de usuario la naturaleza exacta de sus servicios. Sin embargo, a la tercera fue la vencida: la pasada primavera, al cambiar su Substack por una publicación en Ghost y activar la integración con Stripe,

"Una vez más me marcaron como un negocio restringido. No importó cuántos correos electrónicos envié: esta vez no pude convencerlos de que me dejaran quedarme, a pesar de que nunca tuvieron que procesar un solo reembolso de un cliente insatisfecho […]. Seis meses después, todavía estoy luchando por compensar los ingresos que perdí".

Jones se hace eco en su artículo de las declaraciones de múltiples compañeras de gremio en el mismo sentido que las suyas; una de ellas resume la desprotección de los creadores de contenidos frente a los procesadores de pagos:

"Estos procesadores de pagos cobran sin falta sus cuotas mensuales y se quedan con su porcentaje de nuestras ventas […]. Sin embargo, sin previo aviso, pueden cerrar nuestros negocios en cuestión de minutos. ¿Cómo puede ser justo eso?"

Porno, brujas… y derechistas

Aunque puedan sentirse legítimamente discriminados, estos 'profesionales de lo oculto' al menos se enfrentan a argumentaciones relacionadas con criterios económicos concretos (las citadas 'altas tasas de devolución'); sin embargo, también ha habido acusaciones de motivación ideológica en algunos de estos vetos de Stripe y compañías similares.

Y es que esta clase de medidas, percibidas siempre como arbitrarias por los afectados, también han afectado en ocasiones a plataformas sociales enteras, como Gab (2018) y Parler (2020), en casos muy sonados a causa de 'línea editorial' de las mismas.

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