¿Vale la pena simplificar las aplicaciones a costa de algunas funcionalidades? Desde luego que sí

El otro día, Luis Carlos preguntaba en Genbeta Respuestas si de verdad merece la pena simplificar las aplicaciones a costa de perder funcionalidades. Es una pregunta muy interesante, sobre todo ahora que las aplicaciones no son sólo para ordenadores sino también para móviles y tablets.

Como siempre, la respuesta no es única y varía según gustos. Personalmente prefiero un programa simple con opciones suficientes a un programa difícil pero con un montón de opciones. Pero, como siempre, depende.


¿Realmente necesitas todo eso?

No necesito más que esto para poder escribir un post.

Para escribir los artículos que hago en Genbeta, bastantes veces lo hago en local desde mi portátil. ¿Qué aplicación uso? Muchos pensarías que uso Word, Pages o algún programa parecido. Pues no. Uso Writer, un programa de escritura de texto en el que ni siquiera puedo poner negritas.

¡Sacrilegio! Con los programas tan potentes que hay para editar textos, ¿por qué uso el más simple de todos? Precisamente por eso: porque es simple. No necesito poner negritas (las formateo en el editor de Genbeta), ni subrayados, ni tablas ni nada. Sólo escribir.

Es una pregunta que, si te haces con los programas que usas, te sorprenderás de lo mucho que se podrían simplificar. De hecho, ni siquiera hace falta preguntárselo con un programa. Mira tu escritorio. ¿De verdad necesitas y usas todos los iconos que hay ahí? ¿No sería mucho más interesante un escritorio limpio con lo que necesitas de verdad, aunque luego tardes un poco más para llegar a aplicaciones o directorios que usas de vez en cuando?

Es el síndrome “Por si acaso”. Mantener características de una aplicación que sólo ensucian la interfaz “por si acaso algún día sirven”. Instalarte un programa más pesado con muchas características “por si acaso luego las quiero usar”. Hay que reconocer que ese “por si acaso” llega pocas veces, y que en la mayoría de los casos simplificar es lo mejor que podemos hacer.

Programas potentes pero simples: escondiendo las características

La interfaz es muy simple, pero no parece muy potente, ¿no?

El programa que tenéis en la captura de arriba se llama Wolfram Mathematica. La interfaz es muy simple, verdad? Una especie de ventana de comandos y botones para meter números y algunas operaciones, como sumar o hacer raíces.

Viendo esto, seguramente pensaréis que es un programa muy limitado, ¿no? Pues no. Esa interfaz simple oculta un programa muy, muy potente. No entraré en las características, simplemente pondré una captura para que os hagáis una idea.

El truco está en esconder las características y mostrarlas sólo cuando se necesitan. Siguen ahí, pero no nos molestan y sólo las vamos a usar cuando las necesitemos. Así se puede mantener una interfaz limpia sin perder funcionalidad.

Gracias a las interfaces táctiles, mantener una aplicación simple pero funcional es todavía más fácil. Hace poco hablamos en Genbeta de Clear, un gestor de tareas para iPhone, ¡sin botones! La interfaz más simple que te puedas imaginar, y aun así es perfectamente funcional gracias a los gestos táctiles.

Y es que los gestos táctiles pueden ayudar mucho. ¿Para qué tener cinco botones que me ensucien la interfaz cuando puedo quitarlos y sustituirlos por gestos en el trackpad del portátil? No necesitamos todas las funciones ahí a la vista. Prefiero centrarme en el contenido antes que en lo que puedo hacer con él. Ya tendré mi gesto o mi atajo de teclado para hacer lo que quiera.

Clear es un gestor de tareas sin botones, sólo necesitas gestos.

Creo que ya podemos responder a la pregunta que hacía Luis Carlos. Un programa simple con sólo las opciones más usadas a la vista es muchísimo más fácil y cómodo que uno con la interfaz saturada. En algunas ocasiones conseguir esto nos hará perder algunas características, pero tenemos que valorar que igual no eran tan necesarias.

Sin embargo, en la mayoría de los casos la simplicidad es sólo ocultar las características para mantener la interfaz limpia. Tenemos atajos de teclado y gestos táctiles, ¿para qué un botón? No sólo molesta, sino que además es más lento. ¿Para qué una barra de herramientas con un montón de botones? Una pestaña que sólo los muestre cuando queremos mantiene la interfaz limpia y es más fácil de usar.

En definitiva: sí, la simplicidad merece la pena, incluso aunque en algunos casos perdamos funcionalidades.

Imagen | Wilderdom

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