Windows Vista no merece tanto odio, el peor Windows de todos fue en realidad Windows 8

En 2020 Windows 1.0 cumplió 35 años, podríamos decir que está en los mejores años de su vida madura. El sistema operativo de escritorio más usado del mundo es uno que ha pasado por una amplia variedad de versiones, algunas con más éxito que otras, e increíblemente manteniendo una retrocompatibilidad tan extensa que todavía conserva cosas de la era de MS-DOS a un nivel casi absurdo.

En todo este tiempo ha sido quizás Windows Vista el Windows que peor fama ha tenido, el sistema que trajo el Aero a la interfaz de las ventanas se convirtió en el objeto de infinidad de burlas por parte de quienes lo consideran el peor Windows de la historia. Pero también están los que opinan diferente porque Vista sí hizo unas cuantas cosas bien, y por otro lado estamos los que consideramos que el peor Windows fue en realidad Windows 8.

Si no está roto no lo cambies... por algo peor

Gran parte de las razones por las que Windows Vista la pasó tan mal es porque venía a reemplazar a un sistema que hasta el día de hoy es considerado uno de los mejores sistemas de Microsoft: Windows XP, y el listón parecía estar bastante alto.

A Windows 8 le pasó algo similar, venía a reemplazar a Windows 7, considerado por muchos el mejor Windows de todos, y uno que al mismo estilo de XP se niega a morir a pesar a haberse quedado sin soporte hace un buen rato.

Pero mientras Windows Vista sufrió principalmente por sus requisitos de hardware, y lo difícil que era ejecutar aquellos efectos Aero en la mayoría de equipos modestos sin que los ordenadores se arrastrasen, con Windows 8 hablamos de un sistema que se cargaba la usabilidad por capricho.

Windows 8 cambió algo que ya era bueno por algo mucho peor y nos quitó la posibilidad de elegir lo que nos resultara más cómodo

Si bien en Windows Vista los constantes cuadros de diálogo de UAC interrumpían constantemente y perjudicaban la experiencia, en Windows 8 la gente no sabía ni a dónde se habían llevado el menú inicio ni como cerrar las ventanas a pantalla completa de esas nuevas aplicaciones que no tenían botones.

Windows 8 quiso cambiar demasiadas cosas de Windows, demasiado rápido, y sin ofrecer una mejor experiencia que la anterior. Fue un sistema con una gran crisis de identidad, uno que para llamarse "ventanas" empeoró la experiencia de gestión de ventanas en lugar de mejorarla. Un sistema de escritorio que quería ser más como un sistema móvil para pantallas táctiles, y no para un ordenador con teclado y ratón, y al final no hacía bien ninguna de las dos cosas.

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Windows 8 cometió el pecado capital de hacer a Windows difícil de usar

Reemplazar algo tan icónico y práctico como el menú inicio por aquella pantalla de inicio (Start8 se hizo famoso ese día), sin ofrecer siquiera la opción a elegir entre el tipo de inicio que prefiriese el usuario fue demasiado para un sistema que nos tiene acostumbrados a cambios lentos, más metodicos y una casi obsesión por conservar todo lo viejo también.

Y ni hablemos de la "barra Charm" que seguro nadie quiere recordar. No creo haberme sentido tan frustrada usando Windows como cuando había que arrastrar el puntero del mouse a las esquinas, y esperar que aparecieran opciones para poder abrir un menú para poder abrir otro menú y apagar el ordenador.

Un horror de usabilidad
Una de las características más importantes de Windows es que es fácil de usar porque (casi) siempre se ha usado igual. Windows 8 se cargó demasiado esa familiaridad totalmente en vano

La historia nos dice que Microsoft entendió rápidamente que había cometido un error, lanzando Windows 8.1 apenas un año después para corregirlo en la medida de lo posible, devolviendo el menú inicio a su lugar, y mejorando hasta cierto punto la experiencia de usuario y las opciones de personalización, además del rendimiento que también dejaba que desear.

Windows 8 también introdujo las aplicaciones y el diseño Metro, que luego pasaron a llamarse Modern y Fluent con sus baldosas, una interfaz de Windows prácticamente paralela al resto del sistema.

Son todas cosas que han ido evolucionando hacia un mejor estado desde que se lanzó Windows 10, pero que ni hoy, más de ocho años después del lanzamiento de Windows 8, han logrado ser del todo consistentes.

Y sí, Windows 8 de hecho sí trajo también cosas buenas consigo, pero lo que hizo mal fue tan malo, que ni Microsoft lo quiere recordar, lo dejó sin soporte rápidamente, lo reemplazó con 8.1 buscando eliminar el mal sabor de boca tan pronto como fuese posible, y saltó al tren de Windows 10 a toda marcha convirtiendo a Windows en un servicio de ensayo y error constante sin lanzamientos catastróficos tan memorables.

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