Su escuela bloqueó ChatGPT. Ahora esta estudiante de secundaria de 17 años dirige una startup de inteligencia artificial con 1.000 usuarios

  • Navya Tuteja lanzó Raaha, una herramienta gratuita que puntúa ofertas de empleo para personas neurodivergentes

  • Su historia llega mientras PISA 2025 refleja una fuerte caída en lectura y matemáticas

Navya Tuteja
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Redacción de Genbeta

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Navya Tuteja contacta con sus políticos locales mediante un correo en frío y una idea, y así llegó también a un periodista. Tiene 17 años, cursa el último año de secundaria en un instituto selectivo de las afueras de Washington D. C. y, si su centro nombrara a un mejor alumno, asegura que probablemente optaría por hablar en la graduación.

Lo que proponía en ese correo se llama Raaha: una plataforma gratuita con la que las personas neurodivergentes puntúan una oferta de trabajo antes de postularse. Tuteja asegura que ya reúne más de 1.000 usuarios y 20.000 ofertas. Nació de una pauta que llevaba tiempo viendo: anuncios escritos solo desde el lado del empleador, cargados de requisitos y mudos sobre cómo es el día a día. La financia ella misma y la mantiene gratis mientras suma usuarios; el modelo futuro pasaría por que empresas y organizaciones de empleo paguen por usarla o por mejorar sus ofertas.

El funcionamiento es sencillo: el usuario responde un cuestionario de 12 preguntas sobre cómo trabaja mejor, pega la descripción de un puesto y recibe una puntuación de encaje. El análisis valora factores como el ritmo de trabajo, la comunicación o la previsibilidad del horario, y lo hace Claude, el modelo de Anthropic, con unas instrucciones preparadas con ayuda de especialistas en neurodiversidad.

Quien quiera probarla debe saber que la web de Raaha (raaha.ai) está en inglés, que se nutre de ofertas públicas como las de Adzuna y USAJobs (el portal de empleo del Gobierno federal de Estados Unidos) y que en agosto su aplicación para iOS seguía pendiente de aprobación. Las cifras también han cambiado deprisa: en julio Tuteja hablaba de 150 usuarios, en agosto superaba los 200 y ahora declara más de 1.000. Quiere ir a la universidad, pero se plantea dedicarse a Raaha a tiempo completo si sigue creciendo al ritmo actual.

Un WiFi que no deja entrar a ChatGPT

Su expediente contrasta con el de sus coetáneos. PISA 2025, el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), ha registrado desde 2015 una caída media de 28 puntos en lectura y de 22 en matemáticas en los países de la OCDE, y entre lo que provocan estos datos (siempre según este informe) están las pantallas, la menor atención y la IA generativa. En España, los alumnos de 15 años lograron 451 puntos en lectura y 457 en matemáticas.

Tuteja no discute esa explicación, pero cree que a ella la protegió una medida que no fue idea suya: el WiFi de su instituto bloquea ChatGPT, Claude y herramientas parecidas. “Me hizo usarla mucho menos en clase”, cuenta. “Así que supongo que, por molesto que fuera, aun así fue bueno, en cierto modo”.

Tampoco cree que la IA generativa sea mala de por sí, aunque le inquieta un poco que esté volviendo más tontas a las personas: “La gente simplemente no sabe usarla bien”, dice. El hecho de no poder recurrir a ella durante la jornada escolar la obligó a pensar por si misma lo que entra en los exámenes, un hábito que mantuvo después de clase, cuando el bloqueo ya no se aplicaba y tenía una empresa que levantar.

Ahora se impone esa disciplina por voluntad propia. Preside el club de IA de su instituto y asegura que escribió ella misma el algoritmo de Raaha y que la IA se encargó de las partes más mecánicas, sobre todo de pulir el diseño de la web. A diario la usa para redactar correos u ordenar información desordenada. En los deberes, nada: “Intento aprender todo yo sola, sobre todo lo que tiene examen”.

Su caso es cada vez más minoritario entre los estudiantes. El panel de RAND, con 1.214 jóvenes de entre 12 y 29 años, muestra que entre los alumnos el uso de IA para los deberes pasó del 48 % en mayo de 2025 al 62 % en diciembre, y que el 67 % de ellos opina que, cuanto más la usen los estudiantes para sus tareas, más dañará su pensamiento crítico.

En la universidad, el estudio publicado en Science el 21 de mayo de 2026, con más de 95.000 estudiantes de 20 universidades públicas estadounidenses, recoge que el 26 % de los usuarios diarios de IA admite haberla usado para hacer trampa.

Raaha Raaha la web de Navya Tuteja

¿Quién admite que usa IA?

Tuteja ha puesto la IA en la marca de su proyecto y aun así duda cuando le preguntan qué herramientas usó para construirlo: “La gente se va a llevar una impresión distinta”. Si cuentas que usaste IA, piensan: “Ah, no lo hiciste tú, lo hizo todo la IA”, y dan por hecho que detrás no hubo ninguna idea.

Esa intuición tiene respaldo. En un experimento de Atlassian con 961 trabajadores del conocimiento de Estados Unidos, realizado entre el 30 de marzo y el 7 de abril de 2026, los participantes valoraron un mismo correo que resumía una propuesta de negocio: cuando se decía que su autor había usado IA, lo puntuaban como mucho más perezoso y lo recomendaban 24 puntos porcentuales menos para proyectos de visibilidad.

Y hay quien directamente lo oculta. El estudio global de KPMG y la Universidad de Melbourne, con más de 48.000 personas de 47 países encuestadas entre noviembre de 2024 y enero de 2025, concluye que el 57 % de los empleados dice esconder su uso de IA y presentar como propio lo que genera. 

“Creo que es bueno asumirlo si lo estás usando bien”, sostiene Tuteja. Si eres transparente sobre para qué la usas y no la empleaste para crear toda tu empresa, añade, no hay razón para avergonzarse. Cree que el tabú persiste porque desde fuera no hay manera de comprobarlo: “Te pagas el plan de 200 dólares de Claude y te lo hace todo. No hay forma de saberlo”.

¿Prohibir o enseñar a usarla?

Preguntada por si querría una IA más regulada, no duda: “Al cien por cien”. Pero sobre el bloqueo escolar adopta la posición contraria a la que sugiere su propia historia: “No creo que prohibirla sea la solución. Creo que hay que regularla de la forma correcta, y eso es lo que intento hacer ahora”.

Un estudio de la Universidad de Pensilvania con casi 1.000 alumnos de matemáticas de bachillerato en Turquía, publicado en PNAS en 2025, comparó tres grupos: uno con un chat tipo GPT-4 sin salvaguardas, otro con un tutor que daba pistas en lugar de respuestas y otro sin tecnología.

En los ejercicios de práctica, el primero rindió un 48 % mejor que el grupo de control y el segundo, un 127 % mejor. En el examen sin IA, el primero sacó un 17 % menos y el del tutor, prácticamente lo mismo que el grupo de control. Es un único estudio, de una asignatura y de un país, pero apunta a que el resultado depende de cómo se use la IA.

En España, Cataluña quiere vetar la IA a los menores de 14 años, según anunció su presidente, Salvador Illa. El plan, presentado el 28 de septiembre de 2026 por la comisión de bienestar digital del Govern con 67 medidas hasta 2028, contempla solo una alfabetización introductoria, sin uso directo, en los servicios y equipamientos públicos para menores de 14 años; entre los 14 y los 18, uso con autorización familiar y orientación docente; y autonomía total a partir de los 18. Por ahora es solo una propuesta anunciada, no una norma ya en vigor.

Imágenes | Navya Tuteja y Raaha con edición

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