
Estos días se habla mucho del proyecto de ley norteamericano HR 3523, más conocido por sus siglas. CISPA (Cyber Intelligence Sharing and Protection Act) es el nombre de la nueva bestia que se impone contra cualquier atisbo de libertad que pudiéramos tener los ciudadanos en internet. Si la SOPA y el ACTA nos parecían ataques directos, lo de CISPA equivaldría ya a un misil dirigido contra la línea de flotación de los derechos de las personas.
CISPA es la plasmación cibernética de que otro mundo no debe ser posible. Lo que defiende el proyecto de ley que ya pasa trámite parlamentario en el Congreso de Washington, es la práctica fusión informativa entre el Gobierno de los Estados Unidos y las empresas privadas, para que pueda haber un ágil intercambio de informaciones relativas a las llamadas ciberamenazas.
¿Qué se entiende por ciberamenaza? Todo lo que pueda ser información sobre vulnerabilidades o amenazas a las redes o sistemas de propiedad y/o operados por el Gobierno de EEUU o empresas estadounidenses, además de la apropiación indebida de información privada o gubernamental, incluida por supuesto la propiedad intelectual.
El caso es que dicho así todo suena fantástico, pero no no lo es tanto si tenemos en cuenta que el proyecto prevé eliminar cualquier tipo de responsabilidad que tendrían las empresas que recopilan y comparten información entre ellas o con el Gobierno, si se justifica que es “por motivos de seguridad”. Traducido: barra libre.
De un lado, el Gobierno de los Estados Unidos (un inciso: en la era global que nos ha tocado vivir, lo suyo es suyo y lo nuestro, también) se erige en Policía de Internet, como ya se ha erigido en policía de tantos lugares no digitales desde tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, que CISPA sea una revisión de la National Security Act promulgada en 1947 ya es sintomático.
Del otro, el intercambio de información entre empresas fluye con el amparo de una ley dictada más a medida, si cabe, que lo que eran la SOPA y ACTA juntas. ¿Qué límites se pondrá a las empresas? No se sabe. A la práctica resulta imposible saber qué pueden recopilar y cómo usarán esa información siempre y cuando las entidades afirmen operar por cuestiones de ciberseguridad. Aquí tenemos el resultado del freno legal a los otros proyectos de ley. ¿No queríamos caldo? Ahí van varios cubos.
Sobre quién apoya la CISPA el listado de grandes empresas implicadas es de lo más elocuente. Firmas como AT&T, Facebook, IBM, Intel, Microsoft, Oracle o Verizon son sólo unos pocos ejemplos de cómo CISPA tiene el apoyo de las grandes corporaciones, dando cierto punto de razón a aquellos a los que con frecuencia se tacha de conspiranoicos al pensar que hay un gran orden mundial que interesa ser mantenido a toda costa. Y no están solas. Los apoyos a CISPA superan el centenar.
Ahora hablamos de CISPA porque se está debatiendo, y de hecho existe una campaña de firmas en contra, pero los hay que ya le pusieron el ojo encima allá por diciembre, cuando empezó a sonar el proyecto de ley. Las posiciones contrarias a CISPA, que resumió en su día el Centro por la democracia y la tecnología, son válidas a fecha de hoy:
Si con tanta acta, ley y contraley nos hacemos un lío, no es de extrañar. Además de la SOPA, la PIPA, el ACTA (y en España añadimos a nuestra querida Ley Sinde-Wert), en Estados Unidos se trabaja en varios frentes abiertos: S215, S2105 y HR 3674, además de los ya citados, que no son pocos. CISPA y todo lo demás ya no es poner puertas al campo. Esto es clausurarlo, cerrarlo bajo siete llaves y tirarlas todas al mar.
Más información | EFF, U.S. House of Representatives
Enlace | Petición de firmas en contra de CISPA
En Nación Red | Se pospone indefinidamente la votación de la SOPA y la PIPA