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Los niños de mi generación no teníamos gadgets, jugábamos con indios y vaqueros de plástico, dando rienda suelta a la imaginación. Tal vez por eso me gustan tanto las leyendas. Hoy, en homenaje a Steve Jobs, os voy a contar una muy vieja, preciosa e irreal como todas las leyendas.

Los grandes guerreros tienen un lugar en el mundo, cada uno el suyo, un sitio preferido al que van en los últimos instantes de su vida. Allí les acompaña la muerte cuando les llama, que es la única compañera fiel en la vida, porque siempre está presente. Cuando llega el momento final, la muerte brinda al guerrero la oportunidad de narrar los grandes hechos de su vida mediante una danza.

Si lo que cuenta el guerrero es importante, el sol se detiene en el cielo en señal de respeto y la tierra tiembla bajo sus pies. La muerte espera también con respeto a que el guerrero termine su danza.

Puedes estar orgulloso Steve, has sido un gran guerrero. Tu danza ha sido intensa, llena de hechos que han cambiado el mundo, una danza muy larga. Y ahora, como todos los grandes guerreros, serás recordado por tus hazañas. Descansa en paz.

Imagen | Erik Pitti, Carquinyol

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