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Facebook Instagram

En abril de 2012 se produjeron dos hitos muy importantes para Instagram. Por un lado, la popular aplicación de fotografía lanzó su esperada versión para Android. Por otro, el día 9 Facebook anunció que había comprado Instagram. ¿El precio? Aproximadamente 1.000 millones de dólares, aunque posteriormente esta cantidad terminó siendo algo inferior (alrededor de 730 millones).

Aunque la noticia llegó en abril, la adquisición no se cerró oficialmente hasta el pasado septiembre, ya que las autoridades estadounidenses (la Federal Trade Commission concretamente) tuvieron que dar el visto bueno a la operación. A un año de la sorprendente noticia, ¿qué ha hecho Facebook para aprovechar su reluciente compra? ¿Qué ha cambiado en Instagram?

La respuesta corta es “no mucho”. Precisamente, cuando el fundador de Instagram dio la noticia, prometió que la aplicación no desaparecería y que trabajarían junto con Facebook para mejorarla, añadiendo nuevas funcionalidades y mejorando la experiencia del usuario. Lo primero lo han cumplido, y lo segundo… depende de a quién se pregunte.

Salto a la web

En apenas un año (o más bien incluso en pocos meses), Instagram ha pasado de ser una aplicación exclusiva para dispositivos móviles a tener presencia también en la red tradicional con una nueva versión de escritorio. En noviembre se presentaron los perfiles, que cualquier usuario podía consultar desde su ordenador y sin necesidad de tener instalada la app en el móvil (incluyendo no registrados).

Este lanzamiento se complementó con la llegada de la versión web casi completa, pudiendo comentar, marcar con un “like” y navegar por todas las fotos que están subiendo los contactos del usuario. ¿Y el “casi” que decía antes? Simplemente por un detalle: se puede hacer de todo, excepto subir fotografías desde el ordenador. La captura y posterior upload de imágenes sigue siendo exclusiva de la app móvil.

Búsqueda de la monetización

¿Por qué Instagram, que siempre había defendido su status de red social para móviles, decidió dar el salto al escritorio? Una de las razones parece clara: la posibilidad de introducir, a corto plazo, anuncios u otros sistemas de monetización que permitan que el servicio sea rentable.

De esta forma, las marcas no necesitan que los usuarios les sigan en Instagram para ver sus imágenes a través del móvil. Cualquiera puede hacerlo a través de la web, convirtiéndose estos perfiles en escaparates virtuales. Pensemos en Twitter o Facebook: un visitante que llegue al perfil de cualquier compañía tiene una página en la que se puede consultar todo lo que ésta ha publicado.

No sólo eso, sino que además podrían venderse nuevos formatos publicitarios, al más puro estilo publicaciones sugeridas o incluso banners en los laterales como ya hace Facebook. A destacar que todo esto son, por ahora, especulaciones, puesto que Instagram hasta el momento se ha mantenido libre de anuncios.

La polémica con Twitter…

Con la llegada de Instagram a Facebook, se abrió una pequeña guerra entre ambas con Twitter (se dice incluso que la red social de microblogging llegó incluso a pujar por Instagram, aunque al final no consumó la compra). ¿En qué se tradujo este pequeño enfrentamiento? En que Instagram dejó de soportar las cards de Twitter, es decir, en lugar de mostrarse la preview de una foto compartida en un tweet, el usuario empezó a verse obligado a entrar al enlace (y, por tanto, a Instagram) para verla.

Twitter cards

Aunque puede parecer un detalle sin importancia, esta decisión fue toda una declaración de intenciones por parte de Instagram (y Facebook): nadie va a aprovecharse del contenido de su red social y, si alguien quiere ver algo, tendrá que pasar antes por su plataforma. Poco después, los filtros llegaron a la aplicación oficial de Twitter. ¿Casualidad? Llevaban tiempo trabajando en ellos, pero no deja de ser interesante la coincidencia de fechas.

… y la polémica con los TOS

Por desgracia para Instagram, la polémica con Twitter no fue la única. Después de una modificación de los términos de uso de su aplicación oficial que no dejaba demasiado claros algunos puntos, los usuarios pusieron el grito en el cielo. Sugerían que los datos entre todos los servicios pertenecientes a Facebook (Instagram incluido) podrían compartirse entre ellos, con un claro fin publicitario detrás.

Otro de los aspectos más controvertidos fue el que se refería a la posibilidad de que terceras personas pudiesen utilizar, previo pago a Instagram, las fotos publicadas por los usuarios. ¿Qué quiere decir esto? Que si tu publicas en Instagram la fotografía de una lata de uno de tus refrescos favoritos, la compañía propietaria de esa marca podría utilizarla para hacer publicidad dentro de la plataforma sin avisarte y sin ofrecer una compensación económica a cambio.

Con estos cambios resonando por todo Internet, la reacción de los usuarios fue muy negativa hacia Instagram, hasta tal punto que la red social de Mark Zuckerberg decidió dar marcha atrás y revocar los nuevos términos de uso, alegando que podían llevar a equívocos y que ellos nunca venderían las fotos a terceros. Los nuevos términos, ya más claros y con cambios en la redacción, entraron en efecto el pasado enero.

¿Y el futuro?

Casi todos los puntos que acabamos de mencionar tienen algo en común: la búsqueda de Facebook para sacarle partido económico al servicio cuanto antes, ya sea en formato de anuncio, de páginas de empresa, de publicaciones sugeridas… De momento, Instagram sí se ha mantenido independiente de Facebook, pero ambas tienen algo en común: la necesidad de aprovechar su popularidad para que se pueda ganar dinero con ellas. En Facebook ya lo están consiguiendo, pero en Instagram aún les queda mucho por hacer.

En Genbeta | Facebook compra Instagram

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