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El otro día, navegando por Internet, me topé con la entrevista que hicieron a la ministra González-Sinde en Jotdown. No quiero entrar a comentar toda la entrevista, sólo una frase que me llamó la atención: [Todavía no he conseguido entender por qué] se puede cuestionar el disco de Bob Dylan, que parece que debería ser gratis por la gracia de dios. Es algo que se ha instaurado en las mentes de mucha gente: la piratería está ahí porque queremos las cosas gratis. Craso error. Lo que queremos no es que sea gratis. Queremos que sea fácil.

Iré a un ejemplo práctico. Ayer, no me preguntéis por qué, recordé la película “Guía del autoestopista galáctico” y quise verla de nuevo. Miro en Youzee. Nada. Quizás en Wuaki… tampoco. Bueno, en iTunes Store está seguro… pues no, no está. ¿Solución? BitTorrent. Más o menos lo mismo que le pasa a The Oatmeal con Juego de Tronos.

Yo habría pagado gustosamente, la verdad. Ya fuese como parte de la cuota mensual de Youzee o pagando un alquiler en Wuaki o iTunes. Pero no pude. No me dejaron.

“No, lo que quieren es todo gratis, les da igual que sea fácil o no”. Alguno seguirá pensando eso, seguro, así que me permito dar otro ejemplo. Esta mañana estaba escuchando música en iTunes (cosa rara, la verdad, ya que ahora uso Zune) y me encontré con que Genius me recomendaba una canción llamada À Tout Le Monde, de Megadeth. Me sonaba bastante, pulsé el play y recordé que es una canción que escuché en un concierto de mi escuela de música, y que me encantó. Cinco segundos después ya estaba en mi colección de música.

iTunes Comprar una canción en iTunes es sencillo (quizás demasiado sencillo).

Si lo hubiese querido gratis me habría resultado bastante más difícil. Tendría que haber ido a BitTorrent y buscar el disco concreto (no suele haber canciones sueltas), o bien descargar el audio de YouTube. Y eso sin contar con que tendría que completar las etiquetas de la canción.

En cierto sentido, el negocio de la música ya se ha adaptado a los nuevos tiempos. Le falta, sí, pero no tiene nada que ver con cómo estaba hace unos años. Ya sólo con iTunes y Spotify podemos acceder a prácticamente toda la música, y a precios no demasiado caros. Y si estos dos servicios funcionan y tienen éxito es porque son mucho más fáciles que sus alternativas.

Sin embargo, el cine y series no se ha adaptado de la misma forma. ¿Por qué? Una de las razones es que en la música no existen las llamadas ventanas de explotación. Desde que sale al público, las canciones ya están disponibles para comprar por Internet. En las películas y series la situación es distinta.

¿Qué son las ventanas de explotación?

Cine Las salas de cine presionan mucho para mantener las ventanas de explotación actuales.

Las ventanas de explotación son los períodos en los que se divide la explotación de una película. Normalmente, hay un mínimo de tres meses desde que la película se estrena en los cines hasta que está disponible en DVD y vídeo bajo demanda. Después, pasa otro tiempo con distribución exclusiva en estos formato hasta que pasa a las cadenas de pago y por último a la emisión en abierto por las televisiones. Pueden pasar tres años perfectamente desde la primera hasta la última etapa. Y es un problema, tal y como comenta el jefe de contenido de Wuaki en su blog.

Y las distribuidoras no están muy de acuerdo con cambiar las ventanas actuales. El mejor ejemplo lo tenemos muy cerca. Imagino que muchos habréis oído hablar de la película Carmina o Revienta, del actor español Paco León. Las salas de cine la han boicoteado precisamente por no respetar las ventanas de explotación usuales, de forma que desde el principio estaba disponible en Internet y otros canales de distribución.

Gracias a esta rigidez de la industria es muy previsible saber lo que pasará con las películas. Si sale una película interesante, querré verla. Pero, vaya, no quieren que la vea por Internet pagando. No me dejan. Así que si la quiero poco después del estreno y no puedo o no quiero ir al cine, la única alternativa que tengo es recurrir a otras vías.

Y por supuesto, esto tiene una segunda consecuencia. Cuando la película sale en Internet, ya la ha visto todo el mundo. Ya no tiene tanto atractivo como podía tener al principio, así que genera pocas ganancias. Y como genera pocas ganancias, las distribuidoras se quedan con la idea de que Internet genera poco dinero, y que no les conviene poner todo su catálogo a disposición de los usuarios. Y con menos catálogo, menos usuarios de servicios de streaming y entramos en un bucle interminable.

Las plataformas ya están: sólo falta el catálogo

Pantalla inicial de YouzeeYouzee es un buen ejemplo de lo que ocurre ahora mismo: buenas plataformas con poco catálogo.

La primera parte para tener los contenidos fácilmente es tener una plataforma. Ahora mismo en España tenemos no una, sino cuatro: Wuaki, Youzee, iTunes y Filmin (aunque este último se centra más en cine independiente). Todos ellos dan una experiencia de usuario genial, y están (o estarán) en la mayoría de dispositivos.

Sólo falta el catálogo. Las distribuidoras de cine y series tienen que entender que los usuarios queremos las cosas fáciles, y eso incluye tenerlas cuanto antes. Cuanto más tiempo pase desde que una película o serie sale al público hasta que la puedo ver por Internet, más posibilidades hay de que me canse y la descargue por P2P, aunque sea en menor calidad y más complicado de conseguir.

Nos piden que descarguemos “legal”, pero no nos dan formas de hacerlo. No es que queramos todo gratis (creo que los que buscan el “todo gratis” o bien viven en una utopía o no valoran el trabajo de los demás). Se trata de tenerlo todo lo más fácil posible, al alcance de la mano, rápido, sin tener que esperar un tiempo exagerado. La mejor forma de fomentar las descargas “legales” es ponérnoslo fácil.

Imágenes | surroundsound5000, Atomicjeep
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