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Españoles piratas

Los españoles tenemos fama de rácanos. No tanto en la vida real como cuando llegamos a Internet, teniendo dificultades para abrir la mano y pagar por bienes digitales que son de fácil acceso a través de redes P2P o de descarga directa. Seguro que todos habéis visto en algún momento esos informes alarmistas del IFPI que dicen que somos “el país más pirata del mundo”. Pero, ¿realmente lo somos?, ¿realmente nos cuesta pagar por bienes digitales?

Estas preguntas se pueden enfocar desde varios puntos de vista, que van desde lo que todos podemos observar a nuestro alrededor (familia, amigos, etc), lo que los informes dicen y también lo que empresas y startups ven en nuestro país, que viene a ser la auténtica realidad.

Los que nos rodean: ¿pagan por contenidos digitales?

El primer punto de vista depende de mucho del ambiente en el que cada uno se desenvuelve. Y con esto no quiero limitarme simplemente a factores monetarios, si no también geográficos, educacionales y un largo etcétera. Lo que yo veo a mi alrededor es que las personas no se dencantan directamente por la descarga directa o el P2P por que sí, por no querer pagar por esos contenidos, si no porque consumirlos a través de esos métodos es lo más fácil e inmediato.

Este es un factor que ha sido repetido por muchos analistas, críticos y observadores en los últimos años. No en el sentido de defender la descarga de películas o música en vez de su pago, si no por la falta de adaptación de muchos gigantes del entretenimiento a estos nuevos tiempos. Tiempos que tampoco son demasiado nuevos, porque Napster ya existía en el año 1999 y redes como Usenet también eran muy utilizadas a mediados de la década del 2000, por lo que tenían todo en sus manos para ver dónde estaban los usuarios más jóvenes.

Todavía hoy en día, casi 15 años después, descargar contenidos a través de BitTorrent o descarga directa sigue siendo mucho más fácil en el caso del cine o la televisión. Sí, existen iniciativas como Filmin, Wuaki y muchas otras en España, pero todas tienen un problema grande que es el depender directamente de los grandes estudios y distribuidoras, que siguen teniendo la sartén por el mango. Esto provoca que el catálogo que estos servicios pueden ofrecer sigue siendo infinitamente inferior al que los usuarios más patanes pueden encontrar a través de Google y en un par de clicks.

La consecuencia está clara. Creo que no es muy atrevido decir que la gran mayoría de la población española continúa descargando películas a través de redes P2P y similares, no estando servicios como los mencionados anteriormente en la mente del usuario medio.

En el ámbito de la música la situación es diferente. Los usuarios van acostumbrándose poco a poco a la conveniencia y facilidad de tiendas como iTunes o Amazon y de servicios de streaming como Spotify o Rdio. Pensando rápidamente en las personas más cercanas me encuentro con un buen número que pagan al mes por servicios de streaming. Esto, obviamente, no quiere decir que la descarga de música ya no se produzca en masa en nuestro país. Es más, en muchos casos es la única forma (y sencilla) para escuchar determinados grupos o artistas.

La fiabilidad de estudios e informes que nos describen como los más piratas

El siguiente punto de vista que se puede analizar es el de los varios informes y estudios que han sido publicados en los últimos años. La mayoría, o los que más repercusión mediática tienen, son los que afirman que somos el país más pirata del mundo. Muchos de éstos están financiados por instituciones muy imparciales y nada transparentes, lo que hace que en muchas ocasiones sea necesario plantearse su interés.

Uno de los últimos informes, publicado por la Comisión Europea (informe completo), analiza esta situación desde un punto de vista diferente: qué proporción de usuarios europeos consumen películas, noticias, documentales y música (digitales) pagando una suscripción. Y también cuántos usuarios consumen estos productos mediante el pago único, en la mayoría de los casos a través del alquiler.

proporcion de europeos que pagan por servicios digitales de suscripcion

En el caso de España el 12% de los encuestados afirman consumir contenidos digitales a través de un modelo de suscripción, con un 86% que no lo hace y un 2% que no conoce la existencia de estos servicios. Preguntados sobre el alquiler, el 4% afirmaron consumir películas o música a través de servicio de alquiler, un porcentaje mucho más bajo que en el caso de los métodos de suscripción.

En ambos casos, y si le hacemos caso a este informe, España estaría a la cola de Europa, con una pequeña proporción de su población pagando por el consumo de productos digitales. En la otra cara de la moneda tenemos a países como Letonia, Reino Unido o Malta, que encabezan la lista de países en lo que se refiere al pago por suscripción, mientras que en el caso del alquiler lideran otros como Dinamarca, Eslovenia y también el Reino Unido.

Aunque la mayoría de estudios e informes apunten en esta dirección, las razones que pueden llevar a tal comportamiento son varias y no siempre tienen que limitarse a la típica frase de “somos unos piratas”. Quizás la razón es que la mayoría de usuarios desconocen esos productos digitales de pago, o no le convencen lo suficiente para cambiar un comportamiento tan arraigado como es el de la piratería. O a lo mejor es que en España somos así y pasarán años hasta que realmente entendamos que el artista o creador debe ser recompensado, y el pago por alquiler o suscripción es un buen método para conseguirlo.

Sin ir más lejos, a finales de noviembre se publicó el Informe anual de los contenidos digitales en España del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (Ontsi), que afirma que en el 2011 se redujo en un 4.2% la facturación de contenidos digitales en España.

¿Qué dicen las empresas que venden estos contenidos en España? Nada, por desgracia.

El último punto de vista que comentaba al principio es de las empresas y startups españolas que trabajan en este campo. Hay muchas y de todos los colores: desde iniciativas propias como Filmin, Wuaki o 24symbols hasta empresas extranjeras como Spotify o iTunes.

Por desgracia, ninguna de estas empresas se atreve a comunicar el número de suscriptores que tienen en nuestro país. Nos pusimos en contacto con todas ellas pero recibimos en la mayoría de los casos un mensaje que venía a decir algo así: “como comprenderá, no podemos facilitar estos datos. Nuestros competidores tampoco lo hacen”. Es una pena, porque estas empresas son las que realmente conocen la disposición de los internautas españoles a pagar por contenidos digitales. 24symbols, por ejemplo, anunció hace unos días que han alcazando 100.000 suscriptores, aunque en este caso tampoco conocemos exactamente cuántos son de pago.

Teniendo en cuenta todos estos puntos de vista nos encontramos con una situación confusa, a partir de la cual no resulta fácil sacar conclusiones concretas sobre la sociedad española. Todavía queda mucho por hacer en España, tanto por parte de las empresas como por parte de los usuarios. Unos a través de la mejora de las ofertas actuales (catálogos, precios, disponibilidad en todas las plataformas, etc) y los otros reconociendo que el pago, en muchas ocasiones, es justo y necesario. País pirata o no, en muchos sentidos y ámbitos nuestras demanda van muy por delante de la oferta. La clave está en la conveniencia y en la facilidad de acceso a contenidos; cuanto más difícil se lo pongan al usuario medio menos disposición tendrá éste para el pago por contenidos, sobre todo si tenemos en cuenta la existencia de un mercado paralelo tan extenso y de fácil acceso.

Imagen | fuzzcat

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