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¿Recordáis cuál fue el último artículo que habéis leído y que os ha parecido un cúmulo de despropósitos? Yo sí. En mi caso, se trata de una reflexión publicada por Hollis Thomases, a la que no conocía hasta entonces, en Inc, un medio que tampoco me era familiar. Pero el artículo en cuestión ha dado mucho que hablar durante los últimos días y no he podido evitar dedicarle unas líneas por aquí.

En él, Thomases explica 11 razones por las que ella considera que los menores de 23 años no pueden llevar las cuentas en las redes sociales de una empresa. ¿Los motivos? Desde que no son lo suficientemente maduros hasta que pueden perder tiempo utilizando sus cuentas personales. También dice que no son gente de fiar para guardar las contraseñas y que no se puede controlar a sus amigos (¿?). Os recomiendo que lo leáis porque, en mi opinión, las razones que da son tienen tan poco sentido que merece la pena ver cómo intenta justificarse.

¿Inmadurez? ¿Distracciones? ¿Amigos?

No he estudiado Psicología ni ninguna disciplina similar, pero creo tener razón cuando digo que la madurez de una persona no reside tan sólo en la edad. He conocido a gente de 18 años con la cabeza más amueblada que otros de 25, y vosotros seguro que conocéis casos similares. Simplificar la cuestión a que la gente joven es inmadura y la gente más mayor no lo es me parece poco adecuado y recomendable.

¿Que los jóvenes se distraen mirando su Facebook y su cuenta de Twitter? ¿Acaso no existen otras distracciones (la de horas que se habrá comido el Marca en España, por ejemplo)? ¿O es que la gente de más de 23 años no tienen cuentas en las redes sociales para consultar? ¿Y los amigos? ¿Qué van a hacer los amigos? Por no hablar del límite de 23 años. ¿Es que con 24 años ya sí se considera a la gente suficientemente madura para trabajar de esto?

Lo que de verdad importa

Dejándonos de excusas buscadas con calzador, lo importante para trabajar en el mundo del Social Media es precisamente saber lo que se hace. Conocer cómo funcionan las redes sociales, qué puede aportar cada una de ellas y en qué centrarse para sacarles el máximo partido. De nada sirve contratar a alguien con más de 40 años, chorricientos Másteres y cursos de marketing si al final no sabe que en Twitter hay una limitación de 140 caracteres y en Facebook no (es una exageración, pero pilláis la idea).

Hay que saber conversar, escribir bien y tener paciencia, ya que en muchas ocasiones toca soportar a usuarios bastante insistentes. Hay que saber adaptarse y estar pendiente de las últimos cambios o tendencias. Las plataformas sociales están en constante evolución, con cambios en sus características casi a diario, y de vez en cuando llegan nuevas alternativas de las que hay que estar siempre pendientes para no llegar tarde.

Hay que conocer a la empresa para la que se trabaja y el público al que ésta se dirige. No es lo mismo encargarse de las cuentas de una publicación tecnológica que de una firma de ropa femenina. Hay que ser responsable, disciplinado y conocer a poder ser cómo funciona el mundo de Internet en general, ya que esto será vital para mantener seguras los accesos a cada cuenta.

La edad, fuera de la ecuación

Y para todo esto que menciono, ¿hace falta tener más de 23 años? No, por mucho que se empeñen los de la “vieja escuela”. Con esto lo que quiero decir es que no todo debe reducirse a la edad, sino al tipo de persona, a sus conocimientos sobre el tema y a si está cualificada o no. No todos los menores de 23 años van a estar cualificados, pero tampoco van a estarlo todos los que tengan una edad superior a esa cifra.

PD: Desde aquí aclaro que tengo más de los 23 años a los que hace referencia esta mujer, así que no me incluiría dentro de ese grupo de “inmaduros”, pero aún así me parecen unas afirmaciones tan absurdas como para dedicarles un post.

En Genbeta Social Media | El perfil básico del community manager

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