
Si dejas de lado la vorágine del día a día y paras durante un minuto, podrás mirar a tu alrededor y darte cuenta de que estamos rodeados de evoluciones que, si alguien de 1920 levantara la cabeza, no creería. Fibras inteligentes en ropas y calzados, coches que empiezan a conducir solos, ordenadores y teléfonos sin cables conectados a una gran red. Seguramente uno de los aspectos de la vida actual que sabría utilizar sin problema serían las monedas y los billetes.
Tal vez los únicos avances en lo que a monedas y billetes se refiera sean las técnicas para evitar la falsificación de los mismos. El acto de acudir a un cajero o a una sucursal (y aguantar un software muy lento en muchas ocasiones) para sacar dinero empieza a dejar de tener sentido. El mayor uso de tarjetas de crédito (o débito) es un ejemplo que ilustra el cambio.



