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La privacidad y la propiedad en la era digital

Internet y la era digital han cambiado muchos conceptos que hasta ahora habían permanecido inamovibles durante décadas. Los dos principales exponentes son la privacidad y el concepto de propiedad.

Estos dos derechos han sido fundamentales en nuestra historia, junto con la libertad de expresión, pero en los últimos años estamos asistiendo a una rápida evolución que muchos usuarios todavía no comprenden, y que es imprescindible entender para poder desenvolverse con total seguridad en un entorno digital.

Antes de pasar a analizar por separado estos dos conceptos me gustaría realizar un par de afirmaciones que sentarán la base para lo que será expuesto a continuación: la privacidad online no existe. El concepto de propiedad en entornos digitales está en constante erosión.

Privacidad, ¿qué privacidad?

Hecha la ley, hecha la trampa. Aunque hoy en día tenemos más herramientas de seguridad que nunca, nuestra información está tan o más expuesta que nunca también. Esto no quiere decir que no debamos protegerla, pero creo que es clave entender que por mucho que la protejamos es muy probable que esta información pueda convertirse en pública en algún momento, o que perdamos (o nos hagan perder) su control.

Considero que hay una máxima a tener en cuenta siempre que utilicemos cualquier servicio o producto online, y es que si realmente queremos que algo no sea conocido o se mantenga totalmente en el anonimato, es mejor no compartirlo.

Ya sé, muchos estaréis pensando en estos momentos que entonces no deberíamos publicar nada en ningún servicio web, por lo que pueda pasar. Pero creo que es clave entender las consecuencias que esto supone y no sorprendernos si en algún momento el resultado obtenido no es el que esperábamos.

Como suele ocurrir en este tipo de situaciones los usuarios no son los únicos que deben velar por esta seguridad y por su propia privacidad, instituciones que van desde nuestro ISP a Facebook o Google también deben proteger al usuario. Creo que es posible afirmar que poco a poco éstos van mejorando en dichos aspectos, pero todavía queda mucho por hacer y los usuarios debemos entender en todo momento las consecuencias de lo que hacemos y en qué entorno navegamos.

La erosión de la propiedad

La transición de bienes físicos a digitales ha provocado un cambio claro: la facilidad con la que los segundos pueden desparecer es infinítamente superior a los primeros.

Y esto, ayudado por la creciente importancia de los servicios en la nube o en servidores ajenos, tiene otra consecuencia clara que supone que hemos perdido el control de muchos bienes digitales que, en teoría, nos pertenecen.

Esto es algo que se ha hablado mucho en los últimos días al conocerse que Amazon borró todos los ebooks de un consumidor y bloqueó además su Kindle, perdiendo así el usuario el acceso al dispositivo y a sus contenidos. Sin entrar en cuestiones de legitimidad o moralidad, creo que la principal conclusión a sacar de la situación es que en un gran número de casos lo que creemos que es nuestro, no lo es.

Cada vez existe una clara tendencia hacia el alquiler (explícito o no) de contenidos, como consecuencia de la transición de bienes físicos a digitales. Contenidos que compramos a través de servicios como Amazon, iTunes o Spotify pueden parecer nuestros pero su conservación y seguridad no depende del usuario en la mayoría de los casos.

En lo que se refiere al concepto de propiedad cabe también plantearse qué beneficia al usuario: un total control sobre los bienes digitales adquiridos o depositar la confianza en empresas terceras, que en algunos casos pueden meter la pata o no actuar de forma correcta.

Hace unos meses le ocurrió a Mat Honan, de Wired, cuando todos sus contenidos digitales fueron eliminados de su propio ordenador a distancia, por un intruso. Esta semana la poseedora de un Kindle vio como su dispositivo era bloqueado y todos los libros que, en teoría, había comprado desaparecieron en segundos.

Estas historias seguirán ocurriendo en los próximos meses y años. Nos echaremos entonces las manos a la cabeza pensando en lo que Google, Facebook o la empresa de turno ha hecho. Pero debemos darnos cuenta de que hemos depositado nuestra confianza y la propiedad de muchos bienes digitales en empresas terceras. Esto tiene aspectos positivos y negativos; sólo nosotros mismos podemos valorar lo que más nos conviene.

Mientras tanto considero que cuanto antes entendamos las consecuencias de la era digital sobre el concepto de privacidad y propiedad, mejores resultados obtendremos. No hay nada mejor que conocer de dónde venimos para saber hacia dónde vamos.

Imagen | Daquella manera

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