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Windows 95. Clásicos del software

Continuamos con una nueva entrega de nuestro especial Clásicos del Software. Nos ponemos en situación. Estamos a finales de agosto de 1995 y Microsoft está a punto de lanzar lo que fue una revolución en su sistema operativo. Windows 95 fue un producto que sentó las bases de lo que la mayoría de nosotros entiende por un ordenador. Una agresiva campaña publicitaria permitió, entre otras cosas, ver el Empire State Building iluminado con los colores de Windows, un anuncio con música de los Rolling Stones o a Matthew Perry y Jennifer Aniston explicando en una cyber-sitcom las bondades de este sistema operativo.

Y las mejoras respecto a su predecesor, Windows 3.11, son notables. Las más evidentes fueron las relativas a la interfaz de usuario: fue en Windows 95 cuando vio la luz el pack formado por la barra de tareas y el botón/menú de Inicio que se ha conservado prácticamente intacto hasta Windows Vista (en Windows 7 ya se atrevieron a hacer algunos cambios).

De la nueva interfaz de usuario: más que un simple cambio

Se puede decir que la interfaz gráfica de la cuarta generación de sistemas operativos de Microsoft sentó las bases de lo que hemos visto en las siguientes versiones de Windows, tanto en la rama 9x como en la rama NT. Y el horrible vídeo la verdad es que hace un buen trabajo enumerando las bondades de aquella versión del sistema operativo de Microsoft.

Algo de lo que estoy seguro de que la inmensa mayoría de nosotros, cuando encendió el primer ordenador de su vida (en su casa, en el colegio, o en una biblioteca como fue mi caso), lo primero que vio fue un escritorio con cuatro iconos, una barra gris abajo y un botón abajo a la izquierda que decía “Inicio”. “¿Qué será eso de Inicio?”, me pregunté allá con ocho años, cuando lo vi por primera vez. Luego aprendí a usar el ratón y lo descubrí por mí mismo.

Luego, investigando, trasteando y rompiendo cosas, descubriríamos las bondades de Internet Explorer (en sus versiones entre 2 y 4), veríamos nuestros primeros pantallazos azules y, si sabíamos cómo apagar el equipo (yo no aprendí hasta mis primeras clases de informática), esperaríamos pacientes a que apareciera aquel mensaje rojo con el texto “Es seguro apagar su equipo”, incitándonos a pulsar el botón de la CPU (que, si teníamos suerte, estaría al lado de otro que decía “Turbo”).

Menu y barra de tareas de Windows 95

Todas esas bondades que vimos por primera vez hace más de quince años (que se dice pronto) se han conservado prácticamente intactas hasta Windows 7. Aun viendo la introducción de un nuevo menú de inicio en Windows XP (y otro en Windows Vista), y los cambios en la barra de tareas de Windows 7. Incluso sigue presente en Windows 8 como la barra de tareas del escritorio clásico.

De hecho estos componentes se pueden ver en otros entornos de escritorio, por ejemplo y sobre todo en KDE, que por defecto incluye la misma disposición: menú de inicio con una K a la izquierda, barra de tareas sobre la que se muestran las aplicaciones abiertas en forma de botón. Se ha transformado prácticamente en un estándar.

No todo es interfaz gráfica: las mejoras técnicas también tuvieron su lugar

Varias CPU de Intel

La nueva interfaz gráfica permitió y facilitó la actualización de muchísimos usuarios. Pero, debajo de esa cortina bonita (por aquella época lo era, lo creamos o no), había una marabunta de mejoras técnicas que también fueron extremadamente importantes. Sin ir más lejos, Windows 95 era el primer sistema operativo de Microsoft listo para funcionar en procesadores de 32 bits.

Los recursos mínimos necesarios para ejecutar Windows 95 eran un procesador 386 con 4MB de RAM, si bien un Intel 486 y 8MB de RAM permitían un funcionamiento del sistema mucho más fluido (y usar un 386SX, sin coprocesador matemático, suponía sacrificar mucho rendimiento del sistema). No obstante no todo el sistema aprovechó la arquitectura de 32 bits: una gran parte seguía funcionando bajo arquitectura de 16 bits. Microsoft lo argumentó diciendo que migrar todo el sistema a 32 bits retrasaría demasiado el lanzamiento de Chicago.

Si nos fijamos en la parte técnica de este detalle, dado que Windows 95 funcionaba con mucho código de Windows 3.11 (de 16 bits y por tanto no aprovechando el modo de direccionamiento propio del 386 y posteriores, el modo protegido), todavía seguía sufriendo ciertos problemas de inestabilidad heredados de la versión anterior del sistema operativo.

BSOD en Windows 95

Sin querer pararme demasiado a contar más detalles técnicos, también es interesante reseñar que en un principio Windows 95 no incluía soporte para el sistema de archivos FAT32 ni para USB; estas características fueron añadidas posteriormente en actualizaciones que, curiosamente, fueron distribuidas únicamente con equipos nuevos. FAT16 ya permitía el uso de nombres largos (más allá que los 8+3 que permitía en sus versiones anteriores, al menos).

Junto con Windows se incluía también Internet Explorer (2 en su versión original, 4 en posteriores actualizaciones) y con un acceso integrado a la Internet de Microsoft, MSN, que años más tarde veríamos como un fracaso de los de Redmond. Como curiosidad, al actualizar el usuario a Internet Explorer 4 se instalaba algo llamado Windows Desktop Update, que añadía a Windows 95 características propias de la siguiente versión de Windows, que ya trataremos en otro artículo.

Pero lo que sacamos en claro es que Windows 95, además de un éxito de ventas para la gigante de Redmond, fue un producto necesario y que acabó por sentar las bases de lo que sería Windows durante los años siguientes, para usuarios y clientes corporativos, incluso influyendo en la competencia. La próxima entrega aparecerá en unos días por aquí y tratará, atención, de los inicios de MacOS X. No os la perdáis.

Imagen | Nelson Pavlovsky | GUIdebook | Remko van Dokkum | Doug Letterman

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