Un cocinero italiano se negó por tercera vez a poner piña en una pizza y acabó despedido

El tribunal laboral archivó su reclamación porque la presentó fuera de plazo, y el despido le obliga además a empezar de cero el visado con el que aspiraba a quedarse en el país.

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Redacción de Genbeta

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Davide Tamburella era el jefe de cocina de La Costa, un restaurante italiano que se anunciaba como un rincón de la Riviera en pleno Fortitude Valley, el barrio de ocio nocturno de Brisbane, capital de Queensland y que es el estado donde se cultiva el 99 % de la piña australiana. Cuando un cliente que había contratado un evento de más de 15.000 dólares australianos pidió pizza de jamón y piña, Tamburella se negó a prepararla porque, como italiano, consideraba que ponerle esa fruta encima era "un insulto a su cultura", de modo que era la tercera vez en cuatro años que rechazaba la misma petición.

Se le pasó la pasta (y la paciencia del jefe)

En la resolución que publicó este martes la Fair Work Commission, el tribunal laboral de Australia, también aparece que el cocinero llegó a pedirle a su jefe que se informara de lo importante que es para los italianos que la pizza no lleve piña. Lo despidieron el 20 de mayo, dos semanas después de que el dueño, Elliot Ingram, lo citara a una reunión sobre su rendimiento en la que, además del episodio de la piña, salieron el lenguaje malsonante que el propio cocinero reconoció, su manera de comunicarse con el equipo y varios momentos de frustración en la cocina que se sumaban a un aviso previo por escrito.

Ingram explicó en redes sociales que la petición del cliente le pareció razonable y que la piña influyó en la decisión, aunque pesó más lo que venía arrastrándose de antes, y a The Guardian le contó que en sus 17 años en hostelería ha aprendido a elegir sus batallas. Reconoce que la hawaiana no es su favorita, aunque llegaron a tenerla en el menú infantil porque en Australia es de lo más corriente.

Fuori tempo massimo: por qué perdió el cocinero su reclamación

Tamburella acudió al tribunal con una reclamación por "protecciones generales", una vía que sirve para denunciar que te han despedido por un motivo que la ley prohíbe, y sostenía que en su caso había influido la lesión que sufrió en el trabajo cuando, al golpear una barandilla metálica, se fracturó dos huesos de la mano derecha. Como esa reclamación hay que presentarla en los 21 días siguientes al despido y él dejó pasar el plazo, la comisionada Jennifer Hunt, que no encontró motivos excepcionales para ampliarlo, archivó el caso sin llegar a pronunciarse sobre si la negativa a poner piña estaba justificada.

Tempo scaduto también para el visado

Donde el despido le ha salido más caro es en su situación en el país, porque llevaba más de tres años tramitando el visado 186, que permite obtener la residencia permanente con el patrocinio de la empresa. Ingram dice que retrasó todo lo que la ley le permitía el aviso a las autoridades con la esperanza de que el visado se aprobara antes, pero no llegó a tiempo y el cocinero tendrá que empezar el trámite desde cero. La Costa cerró en julio, cuando venció el contrato de alquiler, por lo caro que resulta mantener un local en la zona, y Tamburella, que no ha respondido a la prensa, trabaja ya en otro restaurante italiano de Brisbane en cuya carta no aparece la piña.

Una hawaiana con pasaporte canadiense

La pizza hawaiana, que inventó en 1962 Sam Panopoulos, un inmigrante griego que vivía en Canadá, lleva desde entonces dividiendo a los aficionados, y ni siquiera en Italia hay unanimidad: Gino Sorbillo, uno de los pizzeros más conocidos de Nápoles, la incorporó a finales de 2023 a la carta de su local de la Via dei Tribunali, en una versión blanca con tres quesos y piña caramelizada que le valió una buena ración de críticas en redes. En el extremo contrario está Lupa Pizza, una pizzería de Norwich (Reino Unido) que cobra 100 libras a quien quiera ponerle piña a una pizza que normalmente cuesta unas 12.

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