"Es una cuestión de salud mental": cada vez más padres están pagando hasta 260 euros la noche a niñeras nocturnas

  • Un reportaje de Corriere della Sera retrata a las puericultoras que cuidan de recién nacidos en Milán y Lugano mientras los padres duermen

  • La figura no es nueva: en Reino Unido funciona una agencia especializada desde 1999

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Redacción de Genbeta

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Blanca Yamira Ortiz García tiene 56 años, es puericultora y por cada noche que pasa en casa de una familia con un recién nacido cobra 260 euros, una tarifa que en un buen mes le permite ganar entre 4.000 y 5.000 euros. Su trabajo consiste en que los padres duerman mientras ella se ocupa del bebé, y hay clientas que lo tienen claro: “Para mí es una cuestión de salud mental”. Así lo cuenta un reportaje de Corriere della Sera sobre las llamadas night nannies, o niñeras nocturnas.

Una noche entera de guardia. El turno de Yamira, que ahora trabaja para una familia de Lugano (Suiza), empieza a las 21:00. Entra en la casa, se quita los zapatos, se lava las manos, cambia el pañal al bebé, a menudo lo baña y después se queda despierta a oscuras mientras el resto de la familia duerme. Si el pequeño tiene hambre, es ella quien prepara el biberón, y a la madre solo la despierta cuando toca darle el pecho.

“Yo estoy siempre ahí, preparada para actuar”, reconoce esta puericultora, que en Ecuador llegó a trabajar en un banco y asegura que nunca había ganado tanto como ahora. Eso sí, el oficio tiene su peaje, y ella misma lo resume sin rodeos: “Las puericultoras nocturnas ya no tenemos vida propia, renunciamos a todo para ofrecer este servicio. Desde hace años me despierto cada dos horas por la noche, incluso cuando estoy de vacaciones”.

Puericultoras, no canguros. Y Yamira no es la única. Renata Wetter, de 61 años, es otra de las profesionales con las que habló el diario italiano, y lo primero que deja claro es que no es “ni niñera ni canguro”, porque la puericultura está reconocida en Italia como una profesión auxiliar del ámbito sanitario que exige una titulación. Ella cobra 180 euros por noche y, al igual que Yamira, tiene formación específica para atender a recién nacidos.

¿Y qué las diferencia de una niñera de las de toda la vida? Pues que tienen un papel doble, porque además de cuidar al bebé, algo que también puede hacer cualquier cuidadora convencional, se encargan de que los padres recuperen las horas de sueño que se pierden entre pañales y biberones. Vamos, que lo que venden es tanto el cuidado del pequeño como el descanso de los adultos.

Una idea con recorrido. La figura tampoco es nueva, y en Reino Unido lleva tiempo funcionando. The Guardian le dedicaba un reportaje en abril de 2018 a raíz del estreno de ‘Tully’, la película en la que Charlize Theron interpreta a una madre desbordada que acaba recurriendo a una niñera nocturna. En él aparecía Anastasia Baker, una antigua periodista de la BBC que asegura haber sido la primera en montar una agencia de este tipo, Night Nannies, en 1999, después de tener a su segundo hijo y no encontrar a nadie que ofreciera ese servicio.

Casi dos décadas después, en 2018, su agencia contaba con unas 200 cuidadoras trabajando en Londres y el sur de Inglaterra y había atendido a más de 10.000 familias, con una tarifa habitual de 155 libras por una noche de 21:00 a 7:00. Y el negocio ha seguido creciendo, porque según el reportaje italiano su red supera ya las 500 enfermeras, matronas y niñeras.

También como beneficio laboral. La promesa de dormir del tirón ha llegado incluso a las empresas. Financial Times se preguntaba en un artículo si las niñeras nocturnas eran un beneficio laboral excesivo. Según el resumen que publicó Expat.com en 2024, algunas compañías han decidido pagar este servicio porque las noches en vela pasan factura al rendimiento en el trabajo, y una de las citadas por el diario británico ofrecía cuatro meses de baja de maternidad totalmente pagada y ponía además una niñera nocturna a disposición de quien decidiera volver a trabajar en lugar de agotar parte de ese permiso.

Y es que el descanso tiene un valor que mucha gente está dispuesta a pagar. En una encuesta de OnePoll para la cadena de colchones Mattress Firm publicada a finales de 2018, muchos estadounidenses decían que pagarían casi 300 dólares por una noche de sueño “perfecto”.

Un regalo para la familia. ¿Es entonces un servicio reservado a familias acomodadas? Las tarifas no están al alcance de todos los bolsillos, pero el reportaje italiano describe una demanda que no deja de crecer en Milán y otras ciudades. Además, no todas las familias contratan a estas profesionales durante meses: hay quien se conforma con las primeras semanas. Es el caso de una abogada de 38 años que vive en Milán y que, embarazada de nueve meses, ya ha reservado a dos puericultoras para que se turnen durante la primera semana de vida de su hijo, siete noches seguidas, antes de ir reduciendo el servicio poco a poco.

“Con nuestro primer hijo, mi pareja me regaló un anillo precioso. Esta vez le he pedido que haga un regalo a toda la familia: contratar a una puericultora. Y ya se lo he dejado claro: ‘No quiero anularme como persona ni verme obligada a despertarme ni una sola vez en toda la noche’”, cuenta. Aunque su madre se muestra “escéptica” y considera la decisión “un capricho”, ella asegura que no siente “culpa alguna” y que un entorno positivo beneficia al bebé.

Detrás de todo esto hay también un cambio en cómo y cuándo se tienen hijos. Los datos de Eurostat recogidos por ConSalud muestran que en la Unión Europea siguen creciendo los nacimientos de madres de 35 años o más, lo que posiblemente haga más habitual encontrar a madres primerizas con una carrera asentada y unos ingresos que les permiten pagar este tipo de servicios, a menudo lejos de sus propios padres porque se mudaron por trabajo. Y la tendencia no se queda en Europa, porque en China el negocio de los cuidados de lujo tras el parto ha dado lugar a centros que ya en 2018 cobraban más de 10.000 dólares al mes, y a otros con estancias premium de más de 50.000 euros.

Foto | Ruben Daniel

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