José Navarro, fontanero autónomo: "Si a mí me ofrecieran hoy un trabajo asalariado y me pagaran 4.000 euros al mes, no aceptaría"

El profesional cambió la venta de coches por el oficio de su padre

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Redacción de Genbeta

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Al valorar un cambio de trabajo, el sueldo suele ser una de las primeras cosas que miramos. También miramos el horario, aunque no siempre es fácil saber hasta qué punto nos permitirá organizar el día a nuestra manera. Para José Navarro, esa libertad acabó pesando mucho en la decisión de volver al oficio que había aprendido con su padre.

Este fontanero de Bétera (Valencia) lo cuenta en una entrevista en Sector Oficios: "Si a mí me ofrecieran hoy un trabajo asalariado y me pagaran 4.000 euros al mes, no me iría". Y aclara: "No quiere decir que yo gane más". Prefiere poder organizar su tiempo, incluso si para tomarse un viernes libre tiene que trabajar hasta las nueve de la noche el día anterior.

El fontanero conocía las ventajas de una nómina y un coche de empresa, con el combustible pagado. Había pasado 14 años en una empresa de vehículos, primero aparcando coches y después vendiéndolos. Entre comisiones e incentivos llegó a cobrar 4.300 euros en su mejor mes, aunque la media rondaba los 2.000. De la presión comercial recuerda: "Todos los meses con el objetivo y siempre más y más y más y nunca tienen bastante".

Con la pandemia empezaron los cambios en la empresa y dejó de estar a gusto con las tareas que le asignaban. Fue despedido, en una salida que él también había propiciado, y aprovechó el paro para sacarse el certificado profesional y recuperar conocimientos teóricos. Volvió a trabajar con su padre y, cuando este se jubiló, se puso por su cuenta. Contaba con la cartera de clientes familiar, una ayuda que reconoce al hablar de sus comienzos.

Ya había probado a regresar a la fontanería mucho antes de convertirse en vendedor. En aquella ocasión pidió una excedencia, atraído por la promesa de ganar 2.000 euros al mes trabajando para una aseguradora. Llevaba años sin ejercer y las averías le desbordaron. Aguantó tres semanas y recuerda que llegaba a casa llorando de ansiedad.

"Ser autónomo no es fácil, pero a mí me encanta", asegura. Le cuesta decir que no cuando se le acumulan los encargos: "Yo no puedo estar en dos sitios a la vez". Procura dar fechas que pueda cumplir y tampoco acepta trabajar para clientes que le exigen rebajar el presupuesto.

Con los cobros también es claro: "No acepto pagos ni a 30 ni a 60, ni mucho menos ni a 90". Tampoco trabaja para administraciones de fincas. Y aunque tenga obras grandes, sigue atendiendo pequeñas reparaciones de particulares. Cambiar una cisterna y cobrar 40, 50 o 100 euros al terminar también le viene bien para llevar el negocio.

Foto | Youtube

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