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89 años y 240.000 seguidores en Instagram: hablamos con esta artista valenciana que pinta con Microsoft Paint
Redes sociales y comunidades

89 años y 240.000 seguidores en Instagram: hablamos con esta artista valenciana que pinta con Microsoft Paint

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Si uno intenta imaginarse al artista digital del momento, quizás pueda venirle a la imaginación una persona joven dibujando en una tablet, buscando inspiración en Pinterest y compartiendo sus ilustraciones en las redes sociales.

Concha García Zaera cumple esta última parte, pero el Instagram de esta valenciana de casi 90 años está repleto de obras creadas exclusivamente mediante un programa que actuelmente suele ser el objetivo de chistes y memes: Microsoft Paint.

He tenido la oportunidad de entrevistarla, y lo primero que me llamó la atención fue la vitalidad y frescura que transmitía su voz a través del teléfono. Con más de 240.000 seguidores, Concha es toda una influencer, pero ella no está interesada en ganar dinero ni con sus obras ni promocionando productos de terceros.

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Vida y obra detrás del Paint

Comienza confesándome que está un poco aburrida de que le "pregunten siempre lo mismo" y que parece que "lo único" que le interesa a la gente es saber su relación con una herramienta tan arcaica y minimalista como Paint.

Dibuja desde muy pequeña, pero cuando todavía era muy joven comenzó a trabajar en un laboratorio fotográfico, donde se encargaba de "iluminar" las fotografías en blanco y negro. Eso significaba que tenía que colorear a mano todo lo que aparecía en esas instantáneas.

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Mientras que hoy es posible hacerlo con un par de clicks y, gracias a la inteligencia artificial, con unos resultados sorprendentes, Concha tenía que hacer un trabajo de investigación y consulta para saber de qué color llevaban los vestidos, de la piel de cada persona o el tiempo que hacía aquel día.

En la Universidad Popular se formó para pintar al óleo, pero su relación con Paint comenzó cuando su marido cayó enfermo y tuvo que comenzar a pasar más tiempo en casa. Sus hijos le regalaron un ordenador y fue ahí cuando descubrió este mítico programa de Microsoft.

Las limitaciones como gasolina de la creatividad

Confiesa que "nunca había tocado un ordenador", pero cuando "comenzó a tontear con Paint" sintió que ahí había un reto. "Es un programa bastante básico", pero Concha asegura que le gusta imaginar maneras para intentar recrear volúmenes y sombras con este software. Menos es más, y es que a veces las limitaciones son el mejor aliado para la creatividad.

Un iPad nos da tantas posibilidades que quizás nos sintamos abrumados a la hora de crear un dibujo o acabemos procrastinando en las redes sociales o con algún juego. "Pásate a PhotoShop que sacarías cosas preciosas", le aconsejan, pero Concha reconoce que le "gusta ese puntito suyo" de obstinación por conseguirlo con una aplicación tan sencilla.

Le gusta el reto que le plantea Paint: "sino seguramente me habría aburrido"

Que sea todo un reto es la clave de esta relación tan duradera (la de ella con Paint): "me gusta por eso, sino seguramente ya me habría aburrido". Detrás de estas obras pixeladas y coloridas hay muchas horas de trabajo, y declara que en ocasiones las tiene que rehacer decenas de veces para que estén a su gusto.

Con sus 89 años (cumplirá 90 en muy pocos meses) no sólo se ha familiarizado con el ordenador y con Paint, sino que es ella misma la que gestiona su cuenta de Instagram. Es la propia artista la que se encarga de subir cada nueva obra a su perfil y ella responde a los cientos de mensajes (como el mío para pedirle esta entrevista) que recibe tanto públicamente como por privado.

Aquí tengo curiosidad por saber si utiliza esta red social meramente para difundir contenido o si también cae en la espiral de procrastinación a la que te introduce Instagram. Es una cosa que está asociada más a los jóvenes, pero Concha me confiesa que gracias a esta plataforma ha hecho una gran cantidad de amigos, y se pasa mucho tiempo contestando a todos los mensajes de cariño que le llegan mediante esta vía.

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Muchos de los mensajes que recibe le solicitan comprar sus dibujos, pero ella no está interesada (al menos de momento) en sacar dinero con sus creaciones. También le han contactado marcas para lanzar "bolsas, camisetas o material de colegio" con sus cuadros estampados, pero ella también ha rechazado estas ofertas.

"Lo hago porque me distraigo", pero asegura "que le están insistiendo tanto" (sus nietas le animan a ello) que quizás un día cambie de opinión y exista una manera de llevar sus pinturas más allá de las pantallas. Lo que sí ha llevado a cabo (y es algo que sigue haciendo) son diversas exposiciones con sus cuadros.

De hecho, fue una de sus nietas la que le hizo la cuenta en Instagram, y recuerda el día en el que se asustó porque no dejaba de sonar su móvil. Se trataban de notificaciones de la red social ("patatán patatán patatán"), y desde aquel día su perfil ha ido creciendo de manera imparable, tanto en cuanto a contenido como en popularidad.

Aunque manifiesta "que no tiene imaginación" y que lo "copia todo", llama la atención el método que tiene para transformar las fotografías de escenas que le gustan en pinturas de Paint. Para ello, Concha descompone esa foto en grandes píxeles, como si se tratase de una plantilla de punto de cruz, y de este modo es capaz de convertir estas imágenes en un pixel art único.

Aunque haya muchos otros artistas en Internet con mayor imaginación que ella, la realidad es que serán pocos los que se atreven a limitarse a una herramienta como Paint. La historia de Concha nos recuerda que nunca es tarde para reciclarse, derribar barreras y enseñarle al mundo que con elementos que creíamos olvidados se pueden seguir creando obras contemporáneas.

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