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Google Glass avanza imparable hacia su lanzamiento, que aún es lejano pero que ya cuenta con el entusiasmo de muchísimos individuales y empresas. La API ya está en manos para los desarrolladores, las primeras aplicaciones de terceros ya se están probando (como es el caso de Twitter), y personajes como Robert Scoble están convencidos de que Google ha dado con el futuro de los dispositivos personales. En definitiva, hay mucho “hype”. ¿Pero está justificado?

Obviamente, al no haber probado Google Glass todavía, no estoy en posición de decir si las gafas funcionan bien o no ni de valorar qué futuro tienen en el mercado. Pero hay muchos en mi misma situación que consideran estas gafas uno de los pasos básicos para inaugurar un mercado completamente nuevo, y aunque podría no ser una exageración a nivel de futuros mercados sí que podrían ir mal encaminados.

Google Glass es un dispositivo impresionante, de eso no cabe duda. Estamos hablando de un pequeño prisma de cristal que, con la ayuda de una lente que cabe en la montura de unas gafas, proyecta la imagen directamente a la pupila de nuestros ojos. Parece ciencia-ficción, pero ya está entre nosotros. Pero para que esta tecnología triunfe, priman factores básicos: la simplicidad de uso y la comodidad.

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Y hay una cosa que ha comentado incluso el mismo Eric Schmidt: utilizar Google Glass requiere nuestra voz y puede ser algo incómodo en situaciones determinadas. ¿Os imagináis interactuando con vuestras gafas en plena calle, diciendo órdenes en voz alta? Puede ser algo muy extraño, que a los usuarios puede resultar incómodo. Y por mucho compromiso que haya con aplicaciones y fabricantes de terceros y mucha confianza que quieran transmitir los expertos, lo que define el éxito de un producto es el uso que le dan sus clientes. Robert Scoble puede colocar estas gafas en un pedestal, pero un usuario general no va a usar las gafas como las usa él.

El mercado donde Google Glass se adentra también tiene riesgos: las gafas no son el único dispositivo “personal” que se puede llevar encima siempre. Los rumores indican que Apple y Microsoft están trabajando en pulseras o relojes inteligentes que llevaremos en la muñeca como cualquier reloj o pieza de bisutería tradicional, aunque falta por ver cómo vamos a interactuar con esos dispositivos.

Google puede haber acertado con las gafas, pero los usuarios aún no han dicho la suya
Tampoco podemos olvidar que estamos en una grave crisis financiera mundial de la que no vamos a salir a corto plazo (a menos que haya revueltas, claro), y que ahora mismo hay poca gente dispuesta a gastarse centenares o incluso miles de dólares o euros en algo completamente nuevo. Poco éxito va a cosechar Google si no pone sus gafas a un precio agresivo.

Considero, sobretodo, que aunque Google Glass demuestre que el futuro que nos espera es prometedor, no es ni mucho menos la garantía de que el próximo mercado por el que los gigantes van a competir sea el de las gafas inteligentes. Ese futuro todavía está muy borroso, conquistable por otros dispositivos mucho más variados que en el mercado de los móviles y las tabletas. En este último ejemplo lo único que puede cambiar son ciertas tecnologías concretas y el tamaño del dispositivo, mientras que en la informática que se viste podemos estar hablando de pulseras, relojes, collares, gafas, cinturones, brazaletes o incluso abrigos. Muy prometedor e interesante, pero a tomar con mucha prudencia.

Imágenes | ivva, Mali
En Genbeta | Google demuestra el potencial de Glass como plataforma para los desarrolladores de terceros

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