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El arranque de Google Buzz ha sido completamente desastroso. Una empresa del tamaño de Google no puede permitirse el lujo de lanzar un servicio que compromete de múltiples formas la privacidad de los usuarios, tal y como ha sucedido. Como ya adelantó mi compañero Javier Muniz en su Buzz A Fondo, la estratagema de aceptar automáticamente seguidores expuso conversaciones y comentarios privados de montones de usuarios.
El caso más destacado en esos primeros días, como podéis recordar, fue el de una chica que se mantenía alejada de un ex-novio violento. Cuando ella aceptó iniciar el servicio, Buzz permitió que las personas con las que más correos había intercambiado tuvieran acceso a a sus comentarios de Google Reader, lo que permitió a su ex-pareja deducir su ubicación actual fácilmente.
Esta imperdonable pifiada algunos la achacan a error de principiante (en el sentido de que es la primera red social creada, que no adquirida, por Google), mientras que otros consideramos que bien puede ser una estrategia planificada para que desde el principio el servicio tuviera un gran número de usuarios y enlaces entre usuarios, aunque no baremaron bien las consecuencias.
Pero independientemente de esto, Buzz ha nacido acompañado de múltiples errores de privacidad que han dejado expuestos más datos sensibles de sus usuarios. Lógicamente, las demandas no se han hecho esperar, y vienen acompañadas de presiones gubernamentales que pueden obligar a Google a replantearse su estrategia con Buzz.
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