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Políticos y ciudadanos en Internet: cuando unos van, otros vuelven

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La mayoría de gobiernos libra una batalla legal para conseguir el control de Internet. Un ejemplo claro y cercano es Francia –además de España–, que ha implantado un sistema que persigue y criminaliza al usuario a través de tres avisos, a partir del tercero se le corta la conexión. Pasos como éste no consiguen más que la evolución de la tecnología.

Igual que cuando cerró Napster aparecieron otros protocolos y programas, el intento de control de la red provoca que los internautas se las ingenien para innovar y conseguir nuevas formas de evitar las restricciones políticas. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? A la navegación totalmente anónima.

Tor es un proyecto que ofrece software para navegar por Internet de forma oculta, sin mostrar nuestra IP. Actualmente se puede encontrar incluso como complemento para Firefox. Pero quieren ir más allá y lanzar un firmware compatible con todos los routers que tendría como objetivo esconder la identidad de cualquiera que lo use. De esta manera, no se sabría quién está detrás de qué. Los planes de Tor podrían incluso plantarse de lleno en el lanzamiento de un router con el firmware directamente instalado de fábrica. Así, los más manazas no tendrían que preocuparse de nada.

Si los gobiernos se empeñan en crear un Internet a su medida, los ciudadanos y usuarios seguirán un camino distinto. Ha ocurrido desde sus inicios y la facilidad de acceso a la red no hará más que aumentarlo. Si una vía se agota, nace otra. En este caso, si el gobierno de Sarkozy quiere denunciar a una persona identificándola por su IP, no hay nada más sencillo que navegar de forma anónima.

En España no es el caso. Por suerte –y por desgracia–, la ley que se pretende aprobar aquí persigue las webs que ofrecen links de descarga. Es decir, no se persigue al usuario, sino al que facilita los contenidos. En cierto modo es positivo, ya que no se criminaliza a la ciudadanía en este sentido –aunque sí que se hace en otros, como con el canon digital. Igual que ocurre con la navegación anónima, si la legislación evoluciona hacia la restricción de webs y el cierre de páginas, aparecerán otras formas para compartir archivos. Como pasó con Napster. Como pasó con Kazaa. Como pasó con eMule. ¿Tengo que seguir?

Vía | Bitelia Foto | Guillermo R. Loizaga

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