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Cierre de Megaupload: lo que el FBI cree que consigue

Cierre de Megaupload: lo que el FBI cree que consigue
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La noticia de que las autoridades estadounidenses cerraban Megaupload sin más aviso cogió a todo el mundo por sorpresa. En un primer momento parecía que se terminaba el mundo: ¿Y ahora qué? ¿De dónde me bajaré las series? ¿Por dónde veré las películas online? ¿Qué pasa con mi suscripción que renové por seis meses hace dos días?

Poco a poco se fue digiriendo la novedad y se pasó a otras preguntas: ¿Hay otras webs que ofrezcan servicios similares a Megaupload? Una búsqueda rápida en Google arroja resultados sencillos de encontrar: Fileserve, Wupload, Bitshare, Filesonic, Hotfile, Filejungle, Rapidshare, Depositfiles… Vaya, que sí, que hay más páginas que permiten descargas similares a las de Megaupload.

Pero, entonces, ¿de qué sirve que el FBI, en coordinación con el Departamento de Justicia de Estados Unidos y el Centro Nacional de Coordinación de la Propiedad Intelectual, haya cerrado Megaupload? Respuesta corta: de poco. Respuesta larga: para cabrear al personal y, concretamente, Anonymous. Como dice la publicación online francesa Numerama, la ciberguerra ha comenzado.

Sin necesidad de Sindes, ni SOPAs, ni PIPAs. Parece que la legislación americana ya contempla la posibilidad de cerrar webs. Precisamente eso: cerrar páginas. Porque sí, Megaupload era un disco duro infinito en la red en el que se podía encontrar casi cualquier película o serie, pero también era un servicio fantástico para mandar archivos muy pesados que no caben en un e-mail, por ejemplo. Precisamente eso: cerrar páginas. Como era de esperar, Anonymous ha tardado poco en dar respuesta.

Al cabo de unas horas de que la noticia saltara, el grupo de ciberactivistas ya habían tumbado las webs del Departamento de Justicia estadounidense y de HADOPI y también atacaban las de Universal Music, la RIAA y la MPAA. En el momento de redactar el post, ninguna de las webs funciona. Una operación a gran escala en la que algunos dicen que han participado más de 5.000 ciberactivistas.

Todo esto me recuerda un poco a las películas de Eliot Ness, Al Capone y la ley seca. Una normativa que prohibía la comercialización del alcohol y que hizo que el mercado negro creciera de una forma exponencial y que, al final, se tuvo que derogar por motivos lógicos. Si no existe un mercado legítimo, se desarrollan mercados alternativos.

Con todas las diferencias, pero luchar contra el intercambio de archivos con las armas que usan algunos gobiernos y los lobbies pro-copyright no es lo más inteligente. Puede que consigan bloquear el acceso a Megaupload. Incluso quizás aprobarán SOPA y PIPA. Y la ley Sinde entrará en funcionamiento. Y puede que cierren SeriesYonkis. Y lo más seguro es que, de paso, se carguen también la libertad de expresión en Internet.

Pero también conseguirán que Anonymous se cabree, ponga patas arriba las páginas de la administración pública y robe datos gubernamentales. Y lo que es peor para las empresas interesadas: lograrán que los consumidores les den la espalda. Y todo por no apostar por las nuevas tecnologías. Todo por llegar diez años tarde y hacerlo mal. Todo por aumentar sus bolsillos y no por velar por que los autores reciban sus ingresos, si no que le pregunten a la SGAE. Todo por gastar el dinero en campañas para restringir Internet y no en invertir en nuevos canales y formatos de explotación. Ya lo dice David Bravo en Facebook: "Si un niño pone un dedo en uno de los agujeros de un colador, sólo él piensa que ahora se filtra menos cantidad de agua". Lo dicho: la ciberguerra ha empezado.

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