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Cunde el ejemplo de transparencia mediante ataques

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Cuando alguien menciona que se ha publicado tal base de datos de cual gobierno u organización, lo primero que viene a la mente es Anonymous. De hecho, ahora se ha lanzado la operación Greenrights o Derechos Verdes, apuntando al sector petrolífero.

Dicha operación está destinada a llamar la atención sobre las actividades del sector en Alberta, Canadá, donde se está construyendo una plataforma de extracción de arenas bituminosas, que luego se refinarán en otros derivados del petróleo.

Pero al otro lado de la frontera, en Montana, están probando las exquisiteces de, al parecer, uno de los miembros más activos de la plataforma AntiSec, Abhaxas.

En Montana, Abhaxas ha conseguido evitar la protección del Gobierno del estado federal, publicando el contenido de 16 bases de datos. Antes de fijarse en la fría Montana, el mismo se paseó, literalmente, por el interior de los sistemas del Estado de Florida.

En el paraíso de los jubilados americanos, se dedicó a comprobar la seguridad del sistema electoral... que resultó no demasiado fiable. Tras el primer golpe, volvió a poder sortear las defensas por segunda vez consecutiva tan solo una semana después.

Los comentarios del mismo Abhaxas son hasta divertidos, ya que se confiesa bastante cansado de usar siempre los mismos trucos, que siguen funcionando una y otra vez, allá donde lo pruebe.

Desde AntiSec también se realizaron acciones contra la policía de Arizona, consiguiendo filtrar contenidos internos hasta tres veces seguidas.

Acciones como éstas abren unos cuanos interrogantes:

¿Quien es responsable de la aparente extrema vulnerabilidad de los sistemas informáticos?

Permitir que sistemas tan importantes como el electoral no dispongan de la protección, como queda demostrado, contra injerencias externas, ¿es responsabilidad directa de sus gestores?

¿Es lícito acusar de delito grave a quien demuestra que la posibilidad de alterar unas elecciones es demasiado alta y demasiado fácil?

Ante todo esto, los halcones de la ciber-paranoia no dudarán en soltar su verborrea de la necesidad de más seguridad, más gasto en sistemas de defensa y más charlatanería.

Lo peor es que cada sistema, por el cual los ciudadanos pagan medio riñón, parece más ineficiente que el anterior.

Foto | Zodman

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