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Duelo al sol en el salvaje oeste de las cifras

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El tema de los números siempre trae cola. Manifestaciones, usuarios y dineros, siempre hay quien dice una cosa y luego sale alguien que le rebate, con o sin datos en la mano. El asunto de las pérdidas causadas por la mal llamada piratería no se escapa de esta ley.

Por un lado, los promotores de las leyes basura que pretenden defender a los autores a expensas de los derechos civiles del resto de los mortales, aseguran que la piratería de contenidos sujetos a derechos de autor están entre la friolera de 200.000 y 250.000 millones de dólares.

Pero por el otro lado, tenemos una auditoría realizada por la Government Accountability Office, una agencia independente del gobierno federal que se dedica a verificar cuantos y en qué se gastan los dólares de los contribuyentes (una especie de Tribunal de Cuentas). En dicha auditoría, se comenta que las cifras que da la industria del ocio "no pueden ser probadas ni comparadas con datos reales".

Y aún por otra parte, el Institute for Policy Innovation, un think-tank que aboga por el gobierno limitado y las libertades individuales, ha presentado un estudio que estima las pérdidas de la industria en tan solo 58.000 millones, unas cinco veces menos de lo que dice la farándula.

Aún así, otro estudio asegura que de esos 58.000 millones de dólares, hay conceptos que están contados por duplicado e incluso por triplicado. O sea, que la estimación más baja de esas pretendidas pérdidas estaría hinchada.

Que se hinchen los números no es sorprendente. El pasado otoño conocíamos el caso de un antiguo investigador del gremio del copyright, que contaba con pelos y señales cómo se inflan las estadísticas y cómo se enlaza la piratería de contenidos con el narcotráfico y el terrorismo.

Hasta que no se sepa realmente en qué medida afecta realmente, si es que afecta, la distribución de contenidos sujetos a derechos de autor de forma "no autorizada", no podría hablarse de puestos de trabajo afectados. Bueno, hablarse si que se puede hablar, pero luego quedan retratados.

Esto hay que hablarlo con seriedad. Uno no puede inflar una estadística y basarse luego en ella para calcular el total de puestos de trabajo directos y asociados que desaparecerán del mapa. Y si lo hace, estamos hablando de demagogia, o directamente de engaño y manipulación.

Via | Freakonomics Foto | Nick Ares

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