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Software libre para cambiar el mundo

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Simplificando mucho, hay dos tipos de software: software libre y software privativo. El primero respeta la libertad del usuario, el segundo no. Pero una cosa está clara, en el ámbito doméstico, el privativo es el que está ganando la partida. No se trata de una cuestión de calidad o rendimiento, sino de una cuestión ética.

Las cuatro libertades básicas que según el maestro Richard Stallman debe tener todo software son las siguientes:

0 Libertad de usar el programa con cualquier propósito 1 Libertad de estudiar cómo funciona el programa y modificarlo a tu gusto 2 Libertad de distribuir copias del mismo 3 Libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras para que toda la comunidad se beneficie

En ocasiones a los defensores del software libre se nos tacha de talibanes. De defender una causa imponiendo nuestro criterio a los demás. Pero pese a que intolerantes hay en todas partes, me atrevo a decir que la gran mayoría de las veces no es así. Y de hecho, suele ser al revés.

Constantemente los activistas del software libre abogan por su uso, tanto en el ámbito privado como en el público, haciendo más hincapié en lo primero, ya que se trata del dinero de todos. Tachar de irrespetuoso o talibán a alguien que pide más libertad y denuncia a quienes la coartan, es a todas luces absurdo. La filosofía del software libre trata de libertad, de que los organismo públicos sean transparentes, de que las empresas nos enseñen lo que nos van a vender para que podamos saber si nos engañan o no. Para explicarlo uso casi siempre el ejemplo del automóvil. Nadie compraría un coche nuevo con el capó sellado sin posibilidad de ver el motor. Podemos fiarnos del vendedor. Quizá no nos esté engañando, quizá el coche tenga la potencia que dice que tiene, pero nunca lo sabremos con certeza por la imposibilidad de ver dentro del coche. En ese caso, los clientes probablemente sean reticentes y no lo compren. Eso es lo que pasa cuando un consumidor adquiere software privativo. El usuario nunca sabrá si le han engañado o no.

Un problema sistemático del software son las patentes. Hemos podido ver infinidad de casos en los que grandes multinacionales se demandan entre ellas por violaciones de copyright. Casi siempre por programas informáticos. Es tal es esperpento y el absurdo que cabe preguntarse porqué no se han puesto de acuerdo a colaborar entre ellas para hacer la vida más fácil a los usuarios. Pero la respuesta a menudo es la más sencilla. Ese tipo de negocio favorece los monopolios y la permanencia de los más fuertes en detrimento de los pequeños. El que puede demandar demanda, el que no, desaparece. Al final los "estándares" informáticos son los que dicen las grandes empresas. Todo ello con la connivencia por supuesto, de casi todos los gobiernos desarrollados del mundo.

Pero no nos damos cuenta de que seguir por ese camino nos está lastrando. Y no me refiero solo a las ingentes cantidades de dinero que se malgasta en demandas cruzadas, ni tampoco al que gastamos todos los ciudadanos en aplicaciones informáticas para entidades públicas, tales como ayuntamientos, colegios u hospitales. El lastre es el desarrollo de la sociedad. El software libre permite que cualquiera lo adapte a sus necesidades y lo use con al máxima eficiencia y eficacia. Y lo más importante, permite que cualquiera sepa si lo están engañando o no.

El software libre puede cambiar el mundo. Usando programas libres que las empresas mejoran a su gusto y que no discrimina a los pequeños. Otorgando las mismas posibilidades a los países ricos con dinero para gastar en "permisos de uso" y a los países pobres que solo quieren ponerse en la cola del desarrollo. Permitiendo una mayor seguridad en las administraciones públicas derivado del hecho de poder estudiar los programas a fondo. Y como no, desarrollando una industria informática más fraccionada y equitativa, con igualdad de oportunidades para cualquier empresa y rechazando frontalmente las presiones de los monopolios.

Y esto no es el rechazo a que cada uno se gane su propio pan, al contrario. Se trata de dar las mismas oportunidades a todos. Porque un programador puede hacerse rico cogiendo código de otro programa, pero el siguiente lo cogerá de él, y el siguiente, y el siguiente... El resultado es una colmena de conocimiento donde cualquier coge piezas de cualquiera y las ensambla a su manera para crear cosas nuevas. Las posibilidades son infinitas.

El software libre es mucho más que licencias libres, es una filosofía en sí, que aboga por darle a los usuarios y a los desarrolladores la libertad de avanzar sin trabas ni peligros. Nuestra vida está literalmente dentro de un disco duro. El peligro es evidente y la elección, sencilla. Tan solo piensa lo que realmente merece la pena y toma una decisión. Aquí no hay talibanes, solo defensores de la libertad, de mi libertad, de tu libertad. Eso es lo único que importa.

Artículo escrito después de la lectura de: Software Propietario y Open Source, formas de cambiar el mundo

Foto | Klomiz

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