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La polémica en TechCrunch: de conflictos de interés, caos y ultimátums

La polémica en TechCrunch: de conflictos de interés, caos y ultimátums
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El pasado 1 de septiembre saltaba a la palestra una noticia no demasiado llamativa: un blogger de tecnología creaba un fondo de inversión para startups. El problema viene cuando ese blogger se llama Michael Arrington y escribe en TechCrunch, el blog más influyente sobre Internet, startups y tecnología.

El fondo de inversión CrunchFund estará dotado de 20 millones de dólares, e invertirá cantidades desde los 25.000 hasta los 500.000 dólares en empresas nacientes y con posibilidades en el mundo de la tecnología e Internet, las llamadas start-ups. Michael Arrington se encarga de gestionar el fondo junto con Patrick Gallagher.

El conflicto de intereses de Arrington: ¿Escribir o invertir?

Michael Arrington. No, no es un montaje.
Michael Arrington. No, no es un montaje

Desde el primer momentó en que apareció la noticia se empezó a criticar a Arrington desde varios medios, entre ellos el New York Times, por un posible conflicto de intereses. Recordemos quién es Arrington: escritor y editor en jefe de TechCrunch. Cualquier empresa nueva de Internet pagaría por aparecer en ese blog; de hecho, un editor fue despedido precisamente por recibir regalos a cambio de reseñas de una empresa. TechCrunch es muy, pero que muy influyente en este mundo.

Una vez que sabemos la influencia de TechCrunch, el conflicto de intereses queda bastante claro. Arrington, como editor en jefe de TC podría forzar a los editores a hablar bien de las empresas en las que él invierte, y a hacerlo mal de la competencia de esas empresas. Además, desde su posición podría manipular si se publica o no una exclusiva en función de que le venga bien o no.

El conflicto de intereses de Arrington se resume en que puede usar su posición en TC para manipular la información que se da y no se da, y así beneficiar a las empresas en las que él invierte (y por lo tanto beneficiarle a él). Desde luego, esta posibilidad sería muy, pero que muy poco ética.

La respuesta de TechCrunch: nosotros no funcionamos así, por lo que no hay conflicto de intereses

El problema de las críticas hacia TechCrunch es que no conocían como funciona por dentro el blog. No es como un periódico tradicional. Es como un blog, porque en el fondo eso es lo que es.

MG Siegler lo explicaba muy bien en su blog personal. En TechCrunch cada editor publica lo que quiera. Aunque Arrington sea el editor en jefe, él no decide si esto se publica o no se publica. De hecho, pocas veces los editores leen los posts de los compañeros antes de que salgan publicados. Algo totalmente distinto de lo que ocurre en blogs tradicionales.

Los editores de TC son totalmente independientes, y Arrington fomenta esta misma independencia sin interferir en los contenidos que publican. Y por último, en TC hay una clara intención de ser lo más transparentes posibles. Las advertencias o disclaimers aparecen siempre que hay algún tipo de conflicto (por ejemplo, siempre que alguien escribe sobre una empresa en la que Arrington invierte).

Como muestra de esa intención, podemos ver cómo admitieron públicamente el escándalo del editor que aceptó regalos a cambio de reseñas o cómo publicaron una noticia negativa de una startup en la que Arrington había invertido. El compromiso de TC de ser honestos con los lectores va más allá de palabras y buenas intenciones: lo cumplen a rajatabla. Así, es muy difícil que el conflicto de intereses afecte a lo que se publica o no en el blog.

¿La reacción de AOL? Buena pregunta, ni ellos mismos (ni Arrington) lo tienen claro

Arianna Huffington

Al día siguiente del anuncio, se sucedieron las reacciones de AOL y sus portavoces sobre la situación de Arrington. En un principio se creía que Arrington seguiría en TechCrunch. Primero fue Arianna Huffington, editora jefe de toda la sección de contenidos de AOL (recordad que compraron TC el año pasado), diciendo que Arrington estaba fuera de TC. Luego un portavoz dijo que ni siquiera trabajaría para AOL.

Hasta aquí todo parecía quedar claro: AOL dejaba a Arrington fuera por conflicto de intereses. Pero no, porque luego lo desmintieron diciendo que Arrington seguiría siendo un empleado en la división de negocio de AOL. Una locura. El resultado: ni siquiera el propio Arrington tiene idea de cuál es su posición en TC y AOL.

El ultimátum de Arrington: o volvemos a tener independencia editorial o nos devolvéis TechCrunch

Hace bien poco, Arrington lanzaba su ultimátum en TechCrunch, dando dos opciones a AOL: garantizar la independencia editorial que prometió AOL, o deshacer la compra y vender de nuevo TC a sus dueños originales.

Arrington sólo permanecerá en TC si tiene independencia editorial. Es decir, que sea TechCrunch y sólo TechCrunch quienes decidan el contenido del blog, sin nadie por encima que diga qué publicar y qué no. Y sólo hay dos formas de conseguirlo: que AOL venda TechCrunch a sus dueños originales o que prometa que no interferirá de ninguna manera en los contenidos del blog. Si no, Arrington dice que no seguirá en el blog que fundó.

La respuesta obvia de AOL sería decirle que se vaya, que ellos no se quedan sin la compra que hicieron hace un año escaso. El problema es que TechCrunch y Arrington son inseparables (al menos desde mi punto de vista). Si Arrington se va, tienen asegurada la oposición de los editores y de una buena parte de los lectores, sin contar con una más que probable pérdida de calidad del blog. MG Siegler, uno de los editores de TechCrunch, lo decía en un post un tanto apocalíptico: “Si AOL pone a su propio editor en jefe en TechCrunch será un error jodidamente colosal”.

¿La solución a este conflicto? Impredecible

Nadie sabe cómo va a acabar este conflicto, ni siquiera los propios implicados deben de tener ninguna seguridad sobre lo que va a ocurrir. Están chocando personalidades muy fuertes, tanto la de Arrington como la de Arianna Huffington. No creo que la resolución sea sencilla, pero desde luego espero que afecte lo menos posible a TechCrunch: es una de las mayores referencias en este mundo y la calidad de sus artículos y exclusivas es excelente.

También podemos sacar algunas conclusiones de todo este asunto. Por ejemplo, que es realmente importante ser honestos con los lectores. TechCrunch está donde está no sólo por su calidad, sino también por la transparencia hacia los lectores. Hasta ahora, Arrington había invertido en otras empresas y ni hubo manipulación ni pérdida de calidad precisamente por esa transparencia.

Y la otra cosa importante que extraemos de todo esto es que hay que estar muy seguro de que quieres vender tu empresa. En este caso, aunque AOL prometió independencia total a TechCrunch, ahora esa promesa se ha roto. Estoy muy seguro de que, si no llega a ser por AOL, todo este lío se habría reducido a unos días de polémica tras lo que todo seguiría igual como pasó en anteriores ocasiones.

Y vosotros, ¿qué opináis de todo este asunto?

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