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Datos de localización cedidos por Google a la policía señalaron como sospechoso a un ciclista sólo por pasar frente a una casa robada

Datos de localización cedidos por Google a la policía señalaron como sospechoso a un ciclista sólo por pasar frente a una casa robada
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Google tiene fama de ser el Gran Hermano que todo lo oye y todo lo ve, capaz de saber donde estamos en todo momento, incluso aunque tengamos desactivado el historial de ubicaciones. Pero el panorama empeora si además proporciona esa información a las fuerzas del orden y éstas deciden prescindir del viejo trabajo policial porque Google ya les ha dado a 'su sospechoso'. Eso fue lo que le pasó a Zachary McCoy, un ciclista de Gainesville, Florida (EE.UU.) que acaba de ser expulsado de un robo perpetrado hace ahora un año.

Los policías que investigaban el delito solicitaron al juez una orden de 'geofencing' (geovallado) para obtener los datos de los dispositivos cercanos al lugar y momento de los hechos. El geofencing es una tecnología que establece perímetros virtuales vinculados a áreas geográficas reales, permitiendo realizar un seguimiento sobre qué dispositivos entran o salen de dicha área.

No es una técnica exclusiva de la investigación policial, sino que también ofrece aplicaciones vinculadas al marketing (Google ofrece incluso una API para facilitarlo).

El uso de los datos de geolocalización: "como tirar una red a ciegas a ver qué pesca"

Pikrepo Com

A raíz de eso descubrieron que un usuario había pasado tres veces con su bici por delante de la casa asaltada a lo largo de una hora: la configuración por defecto de RunKeeper (una app de seguimiento de la actividad deportiva) y de su cuenta Google (vinculada a su smartphone Android) le habían expuesto, y los agentes consideraban que los datos eran muestra de una actividad 'sospechosa'.

Poco importaba que no mostrasen que hubiera entrado en la casa en cuestión, o que ningún otro elemento le vinculara al hecho.

En un primer momento, esa información estaba anonimizada: sólo mostraba una ruta seguida por el usuario, pero aún no tenían la posibilidad de identificarlo. Hasta que un día, el pasado mes de enero, el equipo de investigación legal de Google se puso en contacto con McCoy y le reveló que la policía de su localidad exigía la entrega de sus datos como sospechoso de un delito.

El email que recibió explicaba que la compañía estaba obligada a hacer públicos sus datos (tanto de identidad como de ubicación en los días anteriores y posteriores al robo) a no ser que el usuario recurriera a los tribunales para bloquear dicha solicitud, una tarea para la que sólo disponía de una semana.

Por fortuna, pudo conseguir un abogado que que argumentó que la policía había actuado movida meramente por una corazonada, renunciando a recurrir a "técnicas policiales más tradicionales" para encontrar a su sospechoso. El letrado, Caleb Kenyon, llegó a comparar esta clase de órdenes de geovallado con tirar a ciegas una red al agua para ver "qué ladrón atrapan". Más aún:

"Este concepto es similar al argumento de muchas películas de ciencia ficción que presentan a un gobierno distópico y fascista".

Poco después, la policía local de Gainesville retiró la solicitud de datos, alegando que habían surgido informaciones que les llevaban a descartar a McCoy como culpable, aunque no llegaron a revelar cuáles.

Todo esto ha generado un pequeño debate en EE.UU. acerca de los métodos de investigación usados por las fuerzas del orden (las órdenes de geovallado ha experimentado un crecimiento del 1500% en los últimos años)... y de la clase de información que proporcionamos voluntaria y/o inconscientemente a las grandes compañías: Google anunció hace unos días futuras restricciones al acceso a los datos de ubicación para las aplicaciones de Android.

Vía | FOSS & 9to5 Google

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