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Adiós a la Escuela 2.0, ¿esto es bueno, es malo o es peor?

Adiós a la Escuela 2.0, ¿esto es bueno, es malo o es peor?
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A la muerte del plan Escuela 2.0 se le pueden dar varias interpretaciones: desde que es un mal necesario motivado por la necesidad de los recortes presupuestarios en tiempos de crisis hasta que es una piedra más en el camino de lo digital. A los defensores de lo primero se les puede recordar que la educación no es un gasto sino una inversión. Y a los segundos, que el desarrollo de la Escuela 2.0 tampoco era como para tirar cohetes.

Echando la vista atrás hacia el proyecto Escuela 2.0, uno recuerda posiciones interesadas como la de Microsoft, por ejemplo, que se llevó el gato de la educación al agua haciendo de los ordenadores escolares un soporte cerrado que daba paso a una creciente brecha entre la escuela y la realidad. Al 2.0 del ocurrente nombre del plan educativo le sobraba, como mínimo, una unidad.

No. Digitalizar libros de texto no es lo mismo que llevar lo digital a las escuelas. Pero no hay caso, porque de lo que se trataba no era de educar a los futuros ciudadanos en el arte del intercambio de los conocimientos, como sugieren las formas que emanan de la nación red, sino de perpetuar los modos de operar del pasado.

Y es que el plan Escuela 2.0 era un negocio, tal y como denunció en su día el Partido Pirata. Un negocio que hoy toca llorar, porque se ha suprimido un plan educativo con sus recursos y todo eso, y ese tipo de recortes siempre duelen, pero era un proyecto de futuro ejecutado de un modo bastante feudal.

El problema de los golpes de timón

Feudal pero, eso sí, con unos tintes de populismo que también tiraban un poco para atrás. ¿Realmente era necesario subvencionar a todo el mundo con un ordenador? Nunca lo sabremos, como tampoco queda muy claro por qué se suprime el plan. De acuerdo, sí, tenía un coste económico. Pero, ¿realmente era necesario dejarlo en nada? ¿Por qué se ha elegido una máquina de rasurar en vez de una simple tijera?

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte donde mora el nunca suficientemente aclamado José Ignacio Wert, dijo que el plan era ineficaz, que dotar a las escuelas con un ordenador por alumno no ayuda al estudio. ¿No es más ineficaz para el contexto educativo y para el alumno, que al fin y al cabo es el protagonista involuntario de todas estas medidas, dar arranques y frenazos de este tipo en vez de buscar soluciones más consensuadas y menos traumáticas para todos?

Cualquiera que haya dedicado ni que sea la lectura de un libro a la compleja materia que es la Educación sabe que cualquier proyecto educacional necesita un largo tiempo para desarrollarse y obtener de él algún fruto, y también que la evaluación de los sistemas que se siguen permite introducir correcciones que hagan que el proceso educativo se depure a sí mismo, se refine y, a la postre, mejore el resultado.

Pues no. Aquí se opta por desmontar lo que hay montado cada vez que hay mudanza en la Moncloa, haciendo partidismo de todo, y este es un tema que ahora se plasma en uno de los asuntos capitales en la educación de la ciudadanía: el acceso a los sistemas de información del futuro que ya hace tiempo que es presente.

Una sola voz, pero digitalizada

Mientras tanto, quienes legislan sobre ese acceso a la información siguen sin comprender cómo funciona el entramado digital y apuestan por pizarras electrónicas a razón de una por cada aula, no vaya a ser que se dé el caso de algún alumno díscolo que se dedique a aprender algo de diversidad mientras sus compañeros de clase siguen embobados con una televisión más, en este caso de color blanco y con un rotulador que, ojo, ¡pinta en píxeles!

¿Será esa la eficacia que se persigue al suprimir lo de un ordenador por cada alumno? Ya vimos hace cuatro días (exactamente) que los españoles no nos caracterizamos por buscar la información por nuestra cuenta. Se dice que la medida de dotar a las escuelas con un alumno por ordenador es algo que se hace en otros países. Ah, pero es que en otros países a los alumnos se les enseña a pescar, más que a darles el pescado ya masticado y envasado en potitos.

Y surgen voces de disidencia a la medida, como la de CEAPA, la confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos, que ven “inaceptable“ lo de la rasuradora, pero también del Gobierno Vasco, cuya consejera de Educación dice que allí seguirán con el programa Eskola 2.0. Adelante, si tienen que superar lo que se ha hecho hasta la fecha. Como suele ocurrir, lo importante en sí no es la idea, sino cómo se desarrolle esta.

La finalización del proyecto se intuye tan chapucera como lo fue su desarrollo en España. Sin una adecuada planificación, hay 600.000 ordenadores huérfanos, repartidos ya por los colegios pero sin un destino claro. Y no vale decir eso de “pues que me den a mí uno”. Aunque quizá sea eso lo que acabe pasando, porque al fin y al cabo esa es la España que queremos perpetuar. Y luego nos preguntamos por qué este país sigue al otro lado de la brecha digital…

Foto | JJ Merelo
En Nación Red | España no es una nación red

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