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Ecosistema de la Ley Sinde: carroñeros y antropófagos [por Carlos Sánchez Almeida]

Ecosistema de la Ley Sinde: carroñeros y antropófagos [por Carlos Sánchez Almeida]
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Carlos Sánchez Almeida es abogado del Bufet Almeida, además de ser uno de los juristas más activos en la defensa de los derechos civiles en Internet. Escribe habitualmente en el blog Jaque Perpetuo.


Ahora también es colaborador de Nación Red.


Tras la decepción provocada por el debate de las enmiendas a la totalidad presentadas frente a la Ley de Economía Sostenible, albergaba pocas esperanzas en cuanto a las enmiendas parciales. Pero a la vista del análisis de las mismas que ha efectuado en estas mismas páginas el profesor José Cervera, podemos colgar el cartel que popularizó el toscano: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate.”

Olvídense de enmiendas: remover detritos sólo aumenta la pestilencia. La Ley Sinde pretende llevar a la jurisdicción contencioso-administrativa una materia que sólo es competencia de los jueces penales y civiles. Y como ya dijera el catedrático Andrés de la Oliva, eso es algo a lo que sólo se habían atrevido los juristas nazis. En consecuencia, entrar en el juego de las enmiendas tiene tanto sentido como reunirse con Leire Pajín: con las libertades no se negocia.

Y dado que el biólogo José Cervera ya ha hecho el análisis jurídico de las enmiendas populares, me permitirán que – como abogado que soy – proceda a un somero análisis biológico del ecosistema que de las mismas se deriva.

Para sobrevivir en entornos hostiles, los mamíferos desarrollan una gran capacidad de adaptación. No en vano nuestro entorno urbano ha sido colonizado por dos especies omnívoras que presentan gran similitud: homo sapiens y rattus norvegicus. Como han puesto de manifiesto los investigadores de Atapuerca, en determinados biotipos sólo puede sobrevivirse mediante el carroñeo y la antropofagia.

Si se quieren divertir de verdad, échenle un vistazo al muro de Facebook de Esteban González Pons, donde juristas otrora progresistas se dedican a hacerle la ola al comunicólogo popular. Aficionado como es a los juegos de estrategia y a las batallas napoleónicas, dentro de poco habrá que empezar a llamarle “Talleyrand” Pons. Junto a Fouché y Chateaubriand, pocos con tanta capacidad de supervivencia en entornos tan diversos como la Revolución, el Imperio y la Restauración Borbónica. Mucho he de equivocarme, si no lo veo un día en la Moncloa: de momento, ya está rodeado de pelotas.

En fin. La Restauración Borbónica 2.0. que nos ha tocado vivir cada vez se parece más a la que inventaron Cánovas y Sagasta. Poco puede esperarse ya de un sistema electoral injusto, que mediante listas cerradas y bloqueadas promociona siempre a los más obedientes y mediocres. En aquel Parlamento corrupto Pablo Iglesias pasó muchos años de soledad, la misma soledad en la que no hace mucho veíamos a alguien tan íntegro como José Antonio Labordeta.

Recientemente el académico Pérez-Reverte los llamó gentuza, y ningún político se querelló contra él. Hagamos caso pues a la Real Academia: con la gentuza no se negocia. Que hagan lo que quieran, que cuando la Ley Sinde caiga en manos de los magistrados, nos vamos a reír un rato. También en mi profesión hay diversidad biológica y gustos gastronómicos particulares, y en la cúspide alimenticia siempre estarán aquellos que se alimentan de caranchos.

AVISO LEGAL: “El artículo anterior no contiene enlaces de forma intencionada, como la futura Internet resultante de la aplicación de la Ley Sinde. Búsquese en Google lo que proceda, y procésese a Google si fuere menester.”

Foto | let-it-be

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