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Hay herramientas para comunicarnos de forma segura, pero... ¿las usaremos?

Hay herramientas para comunicarnos de forma segura, pero... ¿las usaremos?
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Hace poco Guillermo Julián nos explicaba a todo detalle las posibilidades de que en Linux hubiese una puerta trasera para que la NSA pudiera andar como Pedro por su casa entre todos nuestros datos personales, algo que más bien sucede en las plataformas cerradas. Y éstas son las que utiliza casi todo el mundo: Windows, OS X... incluso Android no se salva de las manos de la agencia norteamericana a pesar de ser abierto.

Con este panorama, ¿hay algún modo de poder usar nuestros ordenadores y comunicarnos con nuestros contactos teniendo una mínima garantía de que la NSA no va a poder acceder a nuestros datos? La solución fácil es pasarse a un sistema Linux o BSD (Prism-Break recomienda Debian, Fedora, Gentoo, Mint u OpenSuse, pero nada de Ubuntu), pero muchos de vosotros no querréis hacer este cambio. Veamos qué medidas más asequibles podemos aplicar.

Lo primero es el navegador, que es la aplicación que tenemos permanentemente abierta en nuestros ordenadores. Ni Safari, ni Chrome, ni Internet Explorer ni Opera. De hecho ni Firefox, que deja expuesta nuestra IP y permite la instalación de componentes de código cerrado que podrían estar expuestos. Hay que protegerse mediante protocolos cifrados como Tor y usar navegadores completamente libres. Lo creamos o no también podemos hacer esto en iOS y Android con los navegadores Orbot y Onion Browser respectivamente. La publicidad también rastrea datos como nuestra localización, así que también es conveniente bloquearlos con algún complemento.

Bullrun

De todos modos recordemos que Tor sufrió una caída importante debido a una operación contra la pornografía infantil y después una subida de tráfico de la que no se sabe el origen. El sistema nos protege, pero también nos abre las puertas a una capa "underground" de internet que no es muy agradable que digamos. Cuestión de navegar sólo por donde queremos.

Y ya que hablamos de navegar: por mucho Tor que coloquemos también es necesario vigilar los servicios que utilizamos. DuckDuckGo es un ejemplo de portal de búsquedas adecuado, ya que es completamente anónimo. Ya hablamos de él en marzo del año pasado, y precisamente por una subida espectacular de su tráfico. Vayámonos olvidando también de los servicios de mapas más populares: para evitar cualquier rastreo hay que usar OpenStreetMap.

Pasemos al intercambio de mensajes. No podemos enviar un correo electrónico o un mensaje instantáneo "a pelo" si lo que queremos es asegurarnos de que nadie lo pueda interceptar: hay que instalar aplicaciones y/o complementos que nos permitan cifrar cualquier cosa que enviemos. El cliente Pidgin, del que llevamos mucho tiempo sin saber nada debido a la conquista de otros servicios como WhatsApp, nos permite cifrar nuestros mensajes. También hay protocolos con el preciso objetivo de cifrar las conversaciones de raíz sin necesidad de ningún complemento, como TorChat.

h2. Lo difícil no es averiguar qué usar, si no si realmente vamos a usarlo

nsa

Podríamos seguir con infinidad de servicios, aplicaciones, redes sociales, sistemas operativos y complementos que nos garantizarían una navegación completamente privada. Pero la pregunta del millón aquí es: ¿dejaremos todos de utilizar algo tan común como Windows para conseguirlo? Pasar a usar DuckDuckGo en vez de Google Search es un gesto sencillo, pero es un simple paso que no nos da ni mucho menos una privacidad total a escondidas de cualquier compañía u institución internacional.

El esfuerzo para ser completamente anónimo en internet es muy grande: hay que cambiarse de sistema, hay que soportar una bajada importante del rendimiento de nuestras máquinas debido a lo que cuesta cifrarlo todo, hay que abandonar protocolos y servicios que llevamos usando años, incluso averiguar si nuestra operadora móvil si usa nuestros datos de forma no deseada... muchos se proponen la simple y noble acción de pasarse a Linux (yo mismo, hace unos años), pero el cambio es tan diferente y el terreno que nos encontramos es tan desconocido que muchas personas terminan volviendo a sus plataformas oficiales y recordando ese intento como algo equivalente a un aislamiento completo y a ponerse un sombrero de papel de aluminio en la cabeza.

Y eso no resuelve nada: seguiremos siendo vigilados si el cambio no es total. Con esto no defiendo que tenemos que abandonar todos nuestros OS X y Windows hoy mismo, pero sí que deberíamos pensar en la realidad que vivimos ahora mismo: nuestro tráfico web está completamente abierto y las plataformas que usamos el 99% de navegantes no ayudan a impedirlo precisamente. Ahora mismo la cosa está así: o nos aislamos dejando prácticamente todo lo que usamos ahora mismo, o lo intentamos cambiar mediante las leyes.

Imágenes | Cory Doctorow, EFF

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